Se sigue enseñando a los niños que tres son los estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso. La Ciencia antigua, que acuñó esa clasificación, caracterizaba cada uno de esos estados mediante propiedades espaciales específicas. Así, los cuerpos sólidos tienen forma y volumen propios, los líquidos volumen propio, pero la forma del recipiente que los contiene y los gases ni forma ni volumen propios.
Ese mundo tan perfecto y delimitado tuvo que admitir, en el curso del siglo XX, a varios nuevos estados, entre los cuales mencionaré tan sólo el plasma, un gas muy caliente y eléctricamente cargado (gas ionizado), como es, por ejemplo, la atmósfera del Sol, y el gel, a cuya familia pertenecen los insípidos postres de los hospitales y de los cumpleaños infantiles.
A estos estados se ha añadido recientemente un nuevo integrante, bautizado ´nuevo estado boliviano´: no es sólido, sino más bien elástico y flexible; no es líquido porque no se desparrama ni se evapora; tampoco es gaseoso, aunque bajo ciertas circunstancias se esfuma. Tampoco los nuevos estados del siglo XX se ajustan a las características de ese nuevo estado: éste es escurridizo, pero no es gelatinoso, ni es cargado, aunque más de una vez casi se lo cargan. Entonces, ¿qué es?
De acuerdo a la escuela de pensamiento socio-matemática en boga, ese nuevo estado sería: fuerte, nacionalizador y, contradictoriamente, monopólico y plural. Abundan tratados teóricos que desarrollan cada una de esas cualidades, pero los avezados experimentadores de las escuelas tradicionales siguen esperando la verificación práctica de esas maravillosas cualidades. Peligrosos experimentos llamados ´bloqueos´, que se realizan en laboratorios especiales (´carreteras´), demuestran que la capacidad de ese estado de resistir presiones es menor que la de las gelatinas o los gases. Otra clase de pruebas realizadas en laboratorios de campo (agua, minas y pozos de gas) ponen en jaque la validez de la teoría que postula la coherencia y pureza del carácter nacionalizador de ese estado. De hecho ha quedado claro que la contaminación de sustancias transnacionales es algo difícil de manejar.
Al tiempo que se reivindica la pluralidad de su estructura, se exalta, contradictoriamente, el carácter monopólico del nuevo estado, aunque lo único cierto es la existencia de ´dominios´ internos a diferentes escalas, cada uno orientado al azar, o sea a su regalado gusto. Se han identificado dominios sindicales, gremiales, militares, municipales, departamentales y mediáticos, todos poco estables y muy dinámicos.
Ahora bien, el efecto más llamativo es que mientras más caliente se pone el estado, más caóticos y desordenados se vuelven los dominios que lo componen. En vista de que las leyes de la física aconsejan bajar la temperatura para reordenar todos los dominios del sistema en una dirección unitaria, se ha construido un nuevo gran laboratorio, al cual le dicen Asamblea Constituyente, con la esperanza de lograr ese reordenamiento. Desafortunadamente, los experimentadores elegidos no parecen estar a la altura de semejante tarea.
*Francesco Zaratti es físico.
Evitar escenarios de violencia
En Bolivia no se puede desdeñar ningún tipo de escenarios políticos, todos son posibles. La norma boliviana es que se trata de un país que siempre corre hacia el borde del abismo, pero a última hora no necesariamente da el último paso.
Desarrollo de Cobija
Pando, un departamento casi olvidado por las autoridades nacionales. Frente a esta situación, las autoridades departamentales, locales y los actores económicos del departamento de Pando realizaron la Feria "Expo Pando 2006" llevada a cabo entre el 11 y el 15 de octubre de 2006.
“Hambre de esperanzas”
Cuando los bolivianos más esperábamos que la venta de gas a Argentina iba por buen camino, que la exportación a Brasil iba a prosperar, y que la exportación a Chile y Paraguay se podía negociar favorablemente para beneficio de todos los bolivianos
¡Emigrantes!
Ya conocemos el largo circuito que han transitado los emigrantes bolivianos desde hace más de medio siglo. Primero, a Santa Cruz, a la zafra, para cortar caña y regresar a las tierras altas con algunos ahorros; después al norte argentino