Decisiones sobre el río Madera Bolivia, a partir del Decreto Supremo 28389, marcó el camino que transitará en este delicado tema y, a la vez, potencial recurso. Sin embargo, las determinaciones sobre el aprovechamiento óptimo del río Madera aún están inmóviles.
El 6 de octubre de 2005 se promulgó el Decreto Supremo 28389 que establecía la realización del estudio hidroeléctrico de la cuenca del río Mamoré – Madera y del río Beni, a cargo de la Empresa Nacional de Electricidad, y que serían los ministerios de Servicios y Obras Públicas y de Hacienda, en el ámbito de sus competencias, los responsables de gestionar los recursos para el financiamiento de los estudios. Este mismo decreto dictó que en tanto el Estado boliviano desarrolle y concluya los estudios en la cuenta del río Mamoré – Madera y del río Beni, se suspenden el tratamiento de solicitudes y consiguiente otorgamiento de licencias provisionales y concesiones sobre esta cuenca.
Este paso se dio en virtud a que a Bolivia había llegado la solicitud de la empresa Norberto Odebrecht de Brasil que solicitaba una licencia del Gobierno boliviano para realizar estudios en la zona de influencia del río, en territorio nacional.
Hasta el momento se desconoce cuánto han avanzado los mandatos de aquel decreto supremo, entre tanto siguen creciendo las voces de alerta desde el norte amazónico respecto de las determinaciones bien avanzadas que ha asumido Brasil para la construcción de dos represas en el río Madera.
La Superintendencia del Sistema de Regulación de Recursos Naturales Renovables (Sirenare) recuerda que el río Madera es el más importante de Bolivia, por la confluencia de todos los ríos navegables del país. Está catalogado, además, entre los grandes del mundo. El caudal medio del río Madera es de 17.000 M3/s. Su importancia para Bolivia es múltiple no sólo por la superficie que abarca la cuenca en el territorio nacional (724.000 km2), equivalente al 65,9 por ciento, sino, además, por el potencial que encierra para el aprovechamiento hidroeléctrico.
“Este potencial hidroenergético es comparable en un periodo de 59 años de explotación, con la totalidad de las reservas probadas de gas natural con que cuenta Bolivia hasta el 2005”.
La diferencia fundamental, como bien advierte el Sirenare, es que en el caso de la hidroelectricidad se trata de un recurso renovable, indefinidamente aprovechable, mientras no se alteren sustancialmente las condiciones ambientales de la cuenca. Y es ahí justamente el problema que se viene alertando.
El 12 de octubre representantes de instituciones públicas y privadas del norte amazónico de Bolivia, reunidos en Riberalta, observaron que el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) para la construcción de las dos represas sobre el río Madera alerta que el área de inundación del proyecto llegará hasta Bolivia, lo que quiere decir que podría afectar la variación estacional del nivel del agua, la calidad del recurso natural, problemas de contaminación, inundaciones, entre otros.
Brasil habría asumido la construcción de las represas ignorando normas para el uso de aguas que son de curso internacional. El proyecto en Brasil está avanzado y forma parte de una estrategia de provisión de energía alternativa.
Bolivia, a partir del Decreto Supremo 28389, dio el primer paso sobre este potencial recurso. Sin embargo, las determinaciones sobre el aprovechamiento óptimo del río Madera aún están inmóviles, cuando se requiere del inicio de un proceso de negociación binacional que además precautele la integridad del territorio y la soberanía sobre el dominio del recurso natural.