Hace casi tres meses que comenzó el trabajo de los constituyentes —aproximadamente se agotó una cuarta parte del tiempo máximo estipulado en la ley— y se continúa discutiendo el reglamento de funcionamiento. Importante por cierto, para quienes luego tendrán que dirimir el conjunto de propuestas y confrontaciones que se generarán en ese escenario, pero frustrante para quienes desde fuera, esperan que en algún momento los constituyentes comiencen a debatir los temas fundamentales del país.
Las recientes encuestas de opinión han puesto en evidencia que tanto la credibilidad en la Constituyente como las expectativas sociales con respecto a sus resultados han ido disminuyendo progresivamente, además han demostrado que no existe una comprensión clara de los fines y alcances de la Asamblea, que luego podría traducirse en una frustración colectiva, un distanciamiento o una fractura entre este espacio de deliberación política y la ciudadanía, junto con estos sentimientos, podría desmoronarse la posibilidad histórica de resolver nuestras controversias y diferencias mediante procedimientos dialogales y democráticos.
En las últimas semanas, se avanzó bastante en la aprobación de los artículos del reglamento, en un verdadero esfuerzo concertador para destrabar la parálisis de la Asamblea, pero, al mero estilo de la política tradicional, se han postergado para el final aquellos artículos controvertidos y críticos que ahora tendrán que ser encarados para viabilizar el debate de fondo; estos temas son básicamente el sistema de votación para aprobar los artículos del texto constitucional y la distribución de las comisiones más importantes como el modelo de Estado, tierra y territorio, Autonomías, modelo económico, recursos naturales, entre otros, lo cual pondrá fin a la coyuntural luna de miel de los asambleístas.
Ante la ausencia de acuerdos, se opta por estrategias de dilación como la habitual ´semana regional´ o bien por una excesiva retórica que parece convertirse en un fin en sí mismo y desfasa permanentemente la atención de los temas centrales. De alguna manera,
los vicios del Parlamento se extienden al espacio constituyente. Es natural y adecuado retomar la reglamentación y modelo de funcionamiento del Congreso para la Constituyente, pero no es natural ni obvio reproducir los comportamientos y las lógicas nefastas que socavaron la legitimidad del Parlamento. Estamos a tiempo de retomar el proceso, pero se requiere una mediana claridad y una gran voluntad política.
De continuar con estas lógicas, lo que viene después preocupa aún más que estos desencuentros procedimentales, porque no se sabe exactamente qué propuestas se discutirán, ni qué proponen al país los constituyentes electos, porque la pobreza y debilidad en el contenido de casi la totalidad de las propuestas partidarias de quienes llegaron a la Constituyente es alarmante. Los sectores sociales en cambio han generado importantes debates y han elaborado un conjunto de propuestas focalizando en temas puntuales, que no se sabe en definitiva si serán asumidas o al menos trasladadas al escenario de discusión de la Constituyente. El desafío democrático al cual apostamos los bolivianos el 2 de julio, apenas intenta arrancar, ojalá estemos a la altura de los resultados que esperamos.
*María Teresa Zegada es socióloga.
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