De todas las historias que me contaron en la China hay una que me obsesiona y que la he referido más de una vez. Es la existencia de una ciudad que se llama, literalmente, “sin estaño”, U-Shi.
Dicen los chinos de esa ciudad que el nombre surgió hace muchos años cuando la gente se percató de que aquellas regiones donde existía estaño eran sacudidas por la mala fortuna. Que la gente se dedicaba sólo a explotar el mineral y nadie producía ni siquiera verduras para comer. Había delincuencia y prostitución. Entonces, como quien se cuelga un amuleto en el cuello, los ciudadanos de la región decidieron llamar a su ciudad U-Shi. Había que ahuyentar a la mala suerte.
La moraleja es obvia. Allí donde la actividad económica de la gente consiste en explotar un recurso natural, las cosas van mal. Es, para decirlo de otra manera, una actividad antinatura. Una extensión de la moraleja diría que las ciudades (o países) que se dedican a extraer materias primas de su territorio tienden a crear actitudes rentistas en su población. No hace falta hacer nada: la riqueza que se extrae del suelo ha de pagarlo todo.
Ahora que el país está dominado por noticias sobre el estaño o el gas natural, es inevitable recordar U-Shi. Las noticias de Huanuni dan un matiz trágico a esta historia. A los males que trae el estaño hay que añadir el odio y la violencia, que son guiados por la codicia.
Las actividades económicas extractivas son antinatura, pero también generan un espejismo, pues por un lado los indicadores económicos son buenos, incluso excelentes, pero no hay trabajo para la gente. Ahora lo estamos viendo en Bolivia. Los precios del estaño y los del gas aumentan, pero igual la gente se va del país. Las exportaciones marcan récords todos los meses. Y es cuando entra en escena la actitud rentista de la gente: todos están esperando que les llegue la cuota del gas. En suma, el auge que dan estas actividades es engañoso. Yo prefiero un país U-Shi.
Y para completar esta historia, para mostrar la otra cara de la moneda, para ver cuál es la alternativa al estaño, surge ahora una cifra muy elocuente. Es el personaje que le faltaba a esta fábula, para que sea completa. Hay, entre los productos de exportación, uno que es una verdadera estrella, pero como no produce ni noticias ni muertos, nadie le da importancia. Las exportaciones de sésamo son las que más han crecido, en porcentaje, en lo que va del año. Pero no han hecho noticia de primera página en ningún diario del país. Crecieron en 64,16 por ciento en valor.
El país del sésamo es el país U-Shi. O el de la soja, con exportaciones que crecieron en 43 por ciento, la quinua 30 por ciento, el banano 27 por ciento y los frijoles 19 por ciento.
Son los bolivianos dedicados a esos cultivos y también a las manufacturas y a la industria los que no se van del país. Además de dictar políticas y hacer discursos para el estaño y las otras materias primas que se exportan como tales, los gobiernos tendrían que dedicarse a diseñar estrategias para estas estrellas olvidadas de la economía. Son estrellas que surgen de la creatividad y el esfuerzo de la gente. Y no de un afán saqueador.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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