Todos Santos solidario Algunos viajan desde las provincias de La Paz, en bicicleta, para rezar por las almas y a cambio recibir panes y frutas. Otros cantan para ganar unos pesos. En Cochabamba, en el área rural, la despedida se hizo con comida y chicha de maíz.
Los camposantos del país desbordaron ayer. Personas pobres del campo y la ciudad rezaron por panes y frutas. La despedida en el Cementerio Jardín fue distinta (foto).
Justo Porcu es padre de siete niños y desde hace cinco años viaja desde Batallas, provincia Los Andes del departamento de La Paz, hasta el cementerio de Ventilla en El Alto, para rezar a las almas y recibir a cambio variedad de panes y masitas que lleva en saquillos a su familia para alimentarla los dos próximos meses.
Justo viaja en bicicleta, durante tres horas, para llegar al final del día a su hogar con por lo menos tres saquillos llenos de alimentos. ´Pan sopadito, es lo que más les gusta a mis hijitos, hay gente que también nos paga con fruta y eso es lo que comemos primero antes que se pudra´.
Justo Porcu, es uno de los pocos rezadores que todavía conoce las plegarias y responsos —preces y versículos bíblicos— antiguos, los combina con alabanzas y canciones. Todo ´depende de si el alma es de una persona mayor o de un angelito (niño)´.
Al igual que Justo, muchas personas, entre hombres, mujeres y niños llegan a los cementerios de La Paz y El Alto desde las provincias paceñas para rezar o cantar y así ganar unos pesos o recibir comida a cambio, este 2 de noviembre, fecha en que las tradiciones del Día de Difuntos se caracterizan por armar mesas o tumbas con los alimentos y bebidas que más les gustaban a los fallecidos y así despedirlos al ritmo de zampoñadas, tarqueadas, sicureadas y bandas de música.
Los Khana Chyma (Corazones claros) es un grupo de estudiantes con zampoñas, quenas, platillos y un bombo que tocan por Bs 15 tres huayños, tres morenadas y tres cumbias para el difunto y sus familiares. Al final del día recaudaron cerca de Bs 1.000, por la cantidad de contratos. Este grupo de jóvenes realiza este trabajo hace varios años.
Irene Vargas, que se trasladó con toda su familia al cementerio de Ventilla, en El Alto, comenta que como ella, muchas familias, pese a tener enterrados a sus difuntos en otros cementerios de la ciudad, se concentran en esa zona, porque allí, con tranquilidad, pueden armar una mesa o tumba y despedir a las almas como mandan sus tradiciones.
Hortencia Choque, por su parte, comentó que ´estamos desde las cinco de la mañana y nos iremos como a las cinco de la tarde cuando empiece a oscurecer y volveremos a reunirnos el próximo año. Esta es la única fecha en la que se reúne toda la familia para compartir´.
El cementerio de Ventilla, al igual que el se encuentra a lado del cuartel militar Tarapacá, en la zona Santiago Primero de El Alto, contó ayer con la presencia de varios policías pero éstos no pudieron impedir el ingreso de bebidas alcohólicas a los camposantos de la urbe alteña.
´Nuestro trabajo será evitar que al final del día se produzcan riñas y peleas, como efecto del consumo de bebidas´, dijo uno de los oficiales que circulaba con megáfono para orientar a los visitantes sobre los riesgos del día.
En el cementerio de El Alto, las familias colocaron sus alimentos sobre las tumbas de sus difuntos, hicieron rezar a sus almas y distribuyeron todos los panes. ´Todo rezo se paga con pan, caña de azúcar y frutas. La gente pobre es la que sabe pedir a Dios por el descanso de las almas´, dijo Segundina Ríos al entregar cinco platos con pan y pasankallas a una pareja de rezadores.
Como los cementerios se ven abarrotados de miles de personas que se concentran en el interior y existen precisas prohibiciones para no permitir el consumo de bebidas alcohólicas dentro del lugar, las familias prefieren tomar las calles aledañas para armar su reunión. Esto da paso al armado de mesas de difuntos en las vías y también actividad comercial en abundancia.
Similar panorama acontece en el centro de La Paz. Como el control en el Cementerio General es más estricto, familiares de los difuntos un día antes reservan lugares a lo largo de la avenida Segundo Basconcelos, desde el sector del puente Topáter en la zona de Chamoco Chico. Allí, las bandas de música no cesan, como no faltan los excesos.
Las costumbres persisten
La costumbre de visitar a los difuntos, rezar y ofrecerles sus alimentos favoritos está viva. Ayer, miles de personas de las poblaciones rurales de Aiquile, Totora y Mizque del departamento de Cochabamba despidieron a las almas cumpliendo con las tradiciones más arraigadas.
Los cementerios en el campo se colmaron de mesas con alimentos, bebidas y los recuerdos de los parientes fallecidos. Los amigos y familiares se colocaron alrededor de las tumbas para compartir historias, aventuras y detalles de las vidas de los que ya no están.
En Aiquile, fue común ver a grupos de niños organizados para rezar a los muertos. Allí en un escenario de cruces, flores y gente vestida de negro, pronunciaron oraciones e interpretaron canciones a cambio de dulces, ur’kus (masitas), o monedas.
En Mizque y Totora la actividad fue similar. Consumieron alimentos y pasaron parte de la tarde brindando con baldes de chica y degustando comidas. En esta área rural, la fiesta se extenderá hasta el domingo cuando todos comienzan a volver.