En Bolivia la sociedad civil demostró, en muchas ocasiones, sobre todo en los últimos 70 años de nuestra historia, ser más fuerte que el Estado.
Después de la Revolución nacional de 1952 con la presencia estatal en la producción y la propiedad de empresas de bienes y servicios de importancia, esa tendencia observada, ante todo en la década de los cuarenta del siglo pasado conocida como el sexenio maldito, se relativizó, pues el Estado se había dotado de medios para controlar muchos aspectos fundamentales de la vida económica y social de la población: empleo, salarios, etc. Y cuando hablamos de empleo, no sólo nos referimos al mundo urbano, sino que vía la Reforma Agraria se trató el tema en el sector rural. Por otro lado, con el voto universal se dio inicio a la construcción de la ciudadanía y, la sociedad civil comienza se expresarse políticamente en las urnas. De esa forma también se neutraliza la predisposición a rebasar al Estado.
Con el advenimiento de la “era” neoliberal y el “desmantelamiento” del Estado a la que se sumó la acción de Organizaciones No Gubernamentales que implementan políticas de empoderamiento de las organizaciones de la sociedad civil el Estado quedó más débil que en el pasado. Prueba de esta afirmación es el Estado de sitio que dictaminó en su último gobierno el General Banzer a la que ningún ciudadano de este país le hizo caso, es más, como respuesta a dicha medida se endurecieron las acciones de protesta que realizaban las organizaciones sociales como la COB, CSUTCB, la Coordinadora del Agua, etc. en el mes de abril del año 2000. Entre el año 2000 y el 2006 muchos funcionarios públicos de jerarquía así como analistas decían que las organizaciones sindicales, vecinales, etc. eran ingobernables.
La habilidad del MAS en estos últimos años fue que se convirtió en el eje articulador de las organizaciones sociales: sindicatos, juntas vecinales, asociaciones de empresarios micro y chicos o de cooperativas, etc. pasando a convertirse en algo más que un partido pues se asemeja mucho a una federación o confederación. El MAS apoyado con la fuerza de la sociedad civil ganó las elecciones y llegó al gobierno junto con las organizaciones de la sociedad civil.
Durante la última campaña electoral la gente se comenzó a plegar al MAS con su propia demanda. El programa de gobierno de este movimiento fueron todas las reivindicaciones que deseaban los actores sociales ya sean sindicales o vecinales o, en última instancia, la aspiración del individuo marginado y/o desposeído.
Pero los actores sociales no tienen una visión nacional, tienen intereses, y ese es precisamente uno de los retos que tiene el gobierno de Evo Morales, es decir, compatibilizar los intereses particulares de sus bases, que muchas pueden ser contradictorias entre sí, con una visión nacional, la misma que la tiene que dar el partido en el gobierno.
Otro de los retos que tiene el actual gobierno es la construcción de un Estado sólido, es decir robustecer a los tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, dotándoles de instrumentos eficientes de intervención para solucionar los diversos problemas que tiene el país en materia de redistribución del ingreso, de acceso a la justicia, pero lo más importante es la construcción de ciudadanos con derechos y sobre todo deberes.
Las medidas de nacionalización de los hidrocarburos, de redistribución del ingreso vía el bono Juancito Pinto, la derogación del Artículo 55 del DS 21060, las modificaciones a la Ley Inra y sobre todo el trabajo que se tiene que desarrollar en la Asamblea Constituyente, parecen ser buenos instrumentos para hacer renacer al Estado.