Como cada colombiano de esa época, tuve la oportunidad de vivir el espectáculo de la Constituyente de Colombia en 1991. El país entero salió renovado luego de un proceso que mantuvo la atención y la emoción popular, día a día, durante todo ese año. La radio, la prensa, la televisión y hasta las clases en las escuelas, tuvieron como tema central los debates cotidianos en los que todos nosotros llegamos a conocer y comprender al país como nunca imaginamos.
Muchos de los que la vivimos estamos convencidos de que la toma de conciencia popular que generó su proceso fue aún más importante que su producto mismo. La Constitución de 1991 redefinió a mi patria en un sacrificio expiatorio, a la muerte del candidato Galán a manos de los narcotraficantes aliados con políticos corruptos.
Aquélla fue una catarsis nacional de la cual resurgió un nuevo país que admiraba la diversidad y que se redefinía desde la participación ciudadana. En estos quince años se ha perdido algo de esa frescura mientras nos hemos consolidado. El uno por mil sigue luchando en contra. Es apenas, un proceso natural.
En esa Constituyente, por ejemplo, la retórica de un líder guerrillero como Antonio Navarro, que luego fue prefecto, ministro y hasta candidato presidencial, se enfrentó por decenas de horas con los argumentos inteligentes y francamente opuestos del pensador Álvaro Gómez. Nadie triunfó, todos ganamos. El mecanismo de los dos tercios, en una sociedad fracturada por el desprestigio de los partidos, constituyó la palestra que dio valor a los conceptos y llegó a verdaderos consensos, dentro de un debate que debía ser libre para cambiar las mentes. Todos los artículos importantes surgieron como fruto del premio a las ideas frescas de los nuevos conceptualizadores, mientras presenciábamos en pocos meses, el agotamiento de las ideologías de dos siglos anteriores.
Sufro ahora cuando veo el potencial de la Constituyente boliviana convertido apenas en un proceso para redactar un manifiesto, desde una vertiente única, con el Presidente a la cabeza de su triste radicalización.
La democracia es como un matrimonio, cuando alguno adquiere el control y sojuzga a los demás, todos pierden y la familia se deshace. Una Constitución no es un mecanismo para preservar los liderazgos de personas, partidos o promesas electorales, es una construcción colectiva para consolidar instituciones y libertades y para alcanzar en el proceso, una aceptación explícita que las permita operar.
Una ‘justicia’ al servicio de un régimen o de una clase corrupta, cualquiera que sea, no es justicia. Una ‘libertad’ desde el discurso espurio, que no permite la expresión o la libre movilización, deja de ser libertad como en Cuba, y así sucesivamente.
Siento que Bolivia está perdiendo, por una visión obtusa, la gran oportunidad del nuevo milenio.
“Siento que Bolivia se está perdiendo, por una visión obtusa, la gran oportunidad del nuevo milenio.”
*Jorge Zapp es consultor internacional.
La pedrada
Apedrear y proferir expresiones irrepetibles contra el Presidente de la República no es una acción tolerable y sí digna de la más enérgica reprobación. Afortunadamente, el Presidente recibió a tiempo el aviso del peligro que corría
Infraseguros de aviación
Con el transporte aéreo de personas, la responsabilidad del transportador, vale decir de las aerolíneas y de los operadores de los aviones, está fijada en 53.500 Derechos Especiales de Giros (DEG) por cada pasajero —lo que hoy representa alrededor de $us 48.100 por persona—
Sembrar el gas
Urge diversificar los activos (minería obviamente, agricultura y turismo en prioridad), tanto en el sector público como en el privado.
Inconveniencia de restablecer relaciones con Chile
El acercamiento suscitado entre Bolivia y Chile en el presente año, a raíz de la visita del ex presidente Ricardo Lagos a La Paz, y la del presidente Evo Morales a Chile