Bolivia en la encrucijada Sería un error que la oposición haga abandono de la Constituyente. Tiene que permanecer en su sitial de combate hasta el último minuto. Sólo así podrá ponerse en evidencia, ante la opinión pública, cual-quier exceso, si lo hubie-se, de parte del MAS.
Vientos huracanados están poniendo en riesgo la vida democrática del país, pese a que todos coinciden en proclamarse como sus apóstoles. Empero, el caso es que a la hora de la verdad no siempre actúan como tales. Hay quienes prefieren imponer sus dogmas y pasiones apelando a cualquier recurso. Mucho de ello está ocurriendo en Bolivia, al extremo de colocarla en la encrucijada, que es el mayor aderezo de la incertidumbre.
El resultado de las elecciones del 18 de diciembre hacía suponer que el país se encaminaba hacia el cambio en clima de paz y tolerancia, pues había un ganador absoluto que ofrecía actuar en el marco de la ley y la democracia. A su vez, emergió una oposición disminuida que igualmente prometía fiscalizar y conservar el orden democrático.
Las buenas intenciones, lamentablemente, no se están cumpliendo. Unos y otros han optado por la confrontación, al extremo de crear fuertes tensiones en la vida nacional. El riesgo es que los desencuentros actuales se precipiten en situaciones críticas. De esta manera, incluso se está poniendo en juego la integridad de la nación. Así de grave se ha tornado la situación.
Un episodio tremendamente ingrato se ha producido en el Senado Nacional, a raíz del torpe abandono de las deliberaciones que hizo la oposición, pese a ser mayoritaria. Lo lógico era que se mantenga en su puesto hasta conseguir el consenso que buscaba, puesto que el oficialismo no tenía la posibilidad de imponerse. ¿Más pudo el temor a la agresión de los marchistas?
Es evidente que el partido gobernante sacó buen provecho de la coyuntura, pero para ello tuvo que apelar a prácticas dolosas que se suponía habían sido desterradas de la escena nacional. Más aún, llegó al extremo de poner en ejecución el tantas veces repudiado transfugio político. Se demuestra así que cuando se está en la oposición, se abomina de este tipo de acciones, pero cuando se está en el gobierno, todo vale. Esto es tener una doble moral.
Ahora, la situación más candente es la de la Asamblea Constituyente. El rodillo oficialista sigue funcionando sin contención alguna, en tanto se acrecientan los piquetes de huelga de hambre, que es el recurso pacífico más honroso que existe para luchar por una causa suprema: la democracia.
A la luz de la experiencia de lo sucedido en el Senado, sería un error que la oposición haga abandono de la Constituyente. Tiene que permanecer en su sitial de combate hasta el último minuto. Sólo de esta forma podrá ponerse en evidencia, ante la opinión pública, cualquier exceso, si lo hubiese, de parte del MAS.
La insistencia del oficialismo en rechazar los dos tercios de votación hace ver que tiene planes de imponer, a toda costa, medidas que nada tendrían que hacer con la democracia, sino, por el contrario, eliminarla de la vida política del país para establecer una autocracia étnica.
Bolivia se halla en una encrucijada decisiva para su porvenir. Lástima que ello ocurra en un tiempo en que el comportamiento de la economía es el más favorable que ha tenido en toda su historia. Si se meditara sobre ello, se llegaría a la certeza de que es más importante aprovechar la circunstancia económica actual que las pugnas políticas.