Al momento de escribir esté artículo han transcurrido 10 días desde que el Jefe Nacional de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, tomase la drástica decisión de ingresar en una huelga de hambre, encabezando al grupo de representantes de esa organización política ante la Asamblea Constituyente. Se informa que existen más de 23 piquetes de huelga, en todo el país, que siguen el ejemplo de Doria Mediana, y todo esto como respuesta al hecho de que la Asamblea Constituyente se ha convertido en el campo de batalla por la democracia, -felizmente hasta ahora sin sangre- ante la actitud antidemocrática que la actual mayoría coyuntural del MAS ha decidido mantener, atropellando de esta manera la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente, que con meridiana claridad determina que la consideración y aprobación de la nueva Constitución Política del Estado debe necesariamente ser aprobada por dos tercios de sus miembros.
Se sabe que Unidad Nacional desde un principio mantuvo una relación de conciliación con el gobierno mayoritario del Presidente Evo Morales, buscando puntos de coincidencia más que de diferencia, y esto en provecho del desarrollo democrático e institucional del país, por lo que la inesperada actitud de su Jefe Nacional de declararse en huelga de hambre, debe convocarnos, a todos los bolivianos, a una profundad reflexión y preocupación, porque, sin duda alguna, la conclusión a la que llegó este jefe político de la oposición es que la incipiente y débil democracia boliviana está en un serio peligro de periclitar ante la actitud audaz, imprudente y no medida, en cuanto a una correcta apreciación de “correlación de fuerzas”, por parte de un grupo de gente radical que se ha incrustado en las filas de esa tienda política denominada MAS.
Hay gente en el seno del MAS con mentalidad del siglo pasado, “del siglo de la revolución socialista”, que como consecuencia de una pobre formación en cuanto a la temática de desarrollo económico -y también político- ha hecho una melcocha ideológica entre marxismo-leninismo-maoísmo, con indigenismo ecologista de ONG europeas, convirtiéndose en una fuerza profundamente retrógrada que no tiene la capacidad de aprender de la historia, pero sí la capacidad de arrastrar a este pobre país a un conflicto de gravísimas consecuencias, que como señaló “International Crisis Group”, que trabaja en la prevención y solución de conflictos graves a nivel mundial, en su informe de julio de este año, podría llevar a Bolivia a poner en peligro “incluso su integridad territorial”.
Sería aconsejable que la elite del MAS le dedicase un tiempo a leer lo que dicen destacados articulistas de la prensa cruceña (Ruber Carvalho, José Justiniano, Jorge Landívar, Willi Noack ), para que se ubiquen mejor en cuanto a la verdadera correlación de fuerzas en este proceso de enfrentamiento que el MAS ha decidido llevar adelante, ya que expresan con meridiana claridad a la “otra Bolivia”, a la del oriente, que no está dispuesta a someterse a ninguna dictadura del occidente del país, que bajo un manto teológico indigenista y con el pseudo discurso de la “exclusión social”, quieren que Bolivia desande el camino de la democracia representativa, que tanto ha costado, y del incipiente desarrollo capitalista, para refugiarse en un confuso colectivismo “social comunitarista”.
El Presidente Evo Morales, en lugar de iniciar un proceso modernizante de necesarias transformaciones, que incluyan a minorías, como son los indígenas, y que desentraben los obstáculos al desarrollo económico, apoyado en su histórico triunfo electoral que le dio el 54 por ciento de los votos validos, ha preferido, desde un principio, el enfrentamiento contra el otro 46 por ciento que, hoy, es la minoría. Y esto está expresando que el MAS no quiere gobernar sino imponer, quiere mandar y no administrar, consensuar sin aceptar el disenso, y que ha decidido dividir al país, maniqueamente, en dos: “Los buenos que son ellos y los malos que son todos los demás”. Quiere imponer al país la política revolucionaria en contra de la política democrática, sin tomar en cuenta que quien juega a la política revolucionaria debe tomar en cuenta que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Y estos otros medios implican dolor, sudor, muerte y lágrimas.
¿Estará en puertas la guerra de secesión en Bolivia? o ¿Estaremos, todavía, en la posibilidad de convertir a la Asamblea Constituyente en un lugar para mejorar la actual Constitución Política del Estado, que tiene mucho de socialista y estatista, de manera tal, de que la ley de leyes se convierta en el primer instrumento para el necesario desarrollo institucional de Bolivia? ¿Qué piensa usted?
Armando Méndez fue Presidente del Banco Central de Bolivia.