La imagen de Bolivia Hay, en este momento, un clamor nacional, que seguramente llegará a los oídos de los ilustres visitantes, que sólo exige a los líderes cuidar la unidad nacional. El país ha identificado como el mayor peligro de este momento la división de los bolivianos.
La comunidad internacional estaba muy bien impresionada por la forma cómo se habían resuelto los conflictos políticos de los últimos años en Bolivia. El hecho de que tras gravísimas convulsiones se volvía siempre al carril democrático, era el mayor galardón boliviano.
Es con esos ojos de admiración que llegan ahora presidentes de países amigos de Sudamérica a la Cumbre de Cochabamba. Los visitantes vienen a ver en primer plano al pueblo que produjo los acontecimientos de prodigio democrático por el cual el sistema de derechos se mantuvo incólume pese a situaciones que parecían presagiar el fin de la democracia en el país.
Pero justamente en estos días, debido a actitudes soberbias, de falta absoluta de capacidad de diálogo, de violencia, de rivalidades regionales fuera de control, pareciera que las cosas se han salido de control y que la prestigiosa democracia boliviana está a punto de producir resultados traumáticos.
La imagen que se está dando del país en estos días es de actitudes revanchistas que no se frenan ni siquiera ante la perspectiva de una fractura de Bolivia. Parece inconcebible que la democracia que dio aquellos ejemplos de apego absoluto a las leyes, sea la misma que ahora está ofreciendo este panorama de violación de acuerdos, de imposición de voluntades, de pisoteo de leyes y compromisos.
Quizá los actores de esta democracia no estén a la altura de la tan prestigiosa herencia que han recibido. O no estuvieron presentes en el momento de las decisiones, o han optado por actuar con criterio mezquino, con afán egoísta, que no duda ni siquiera en causar daños a la unidad e integridad nacional.
Pero lo que sí se observa con claridad es que el pueblo sigue aferrado a los principios democráticos que marcaron la historia boliviana de los últimos años.
En efecto, las vigilias, las marchas, las otras formas de protesta que se están dando contra la soberbia se mantienen en los márgenes de respeto a las leyes y a la democracia. El pueblo boliviano, nuevamente, está mostrando que es mucho más maduro que sus dirigentes. Los episodios de los últimos años mostraron, en realidad, que el pueblo boliviano sabe reconocer situaciones de crisis creadas por la incapacidad de los políticos, y opta por cambiarlos, por llamar a otros, siempre con la esperanza de ir mejorando.
Los errores que cometen los políticos, no sólo en Bolivia, generalmente surgen de la creencia, equivocada por supuesto, de que la historia termina con ellos, que sus planes y programas van a marcar el fin de todas las búsquedas. Esa clase de actitudes miopes terminan siempre, en Bolivia y en todas partes, cuando los pueblos reconocen que han entregado el timón del país a personas que no se lo merecían.
Hay, en este momento, un clamor nacional, que seguramente ha de llegar a los oídos de los ilustres visitantes, que sólo exige a los líderes cuidar la unidad nacional. Aparte de los detalles, de los artículos, de las reuniones o congresos que están dividiendo a los políticos, el país ha identificado como el mayor peligro de este momento la división de los bolivianos.
Los líderes del país, dentro o fuera del Gobierno, tendrían que ser capaces de entender el mensaje que está enviando el pueblo. Es el viejo mensaje del Mariscal Sucre, de cuidar la unidad nacional por sobre todas las cosas.