En el exterior existe la idea de que Bolivia está en riesgo de dividirse. Cada vez que puedo, digo allí que esa idea es un invento de apresurados enviados especiales o de ansiosos representantes de algunos países vecinos.
Lo que ocurrió este año en el país es la demostración de que Bolivia no puede ser dividida en dos, como se divide una torta, con un corte de cuchillo. La realidad es mucho más compleja que los ágiles resúmenes de los enviados especiales.
Tenemos, es cierto, dos frentes. Ahora mucho más nítidos que antes. Por un lado está la corriente que encabeza el presidente Evo Morales y por otro la corriente liderada por… el departamento de Santa Cruz.
La novedad de este año no es la propuesta de Morales y su partido, que se la conocía de antes, sino el surgimiento de un liderazgo decidido de parte de Santa Cruz, pero un liderazgo para todo el país.
Este año marca el fin de la reticencia cruceña a hacer propuestas nacionales. No ha producido todavía un líder, pero tiene una propuesta clara, que sus dirigentes cívicos han decidido plantear como una alternativa política.
La propuesta de Santa Cruz es un planteamiento boliviano, es decir del país creado en 1825. Propone a los bolivianos una vieja receta, la del capitalismo, la de la propiedad privada.
Está enfrentada a una propuesta cuyos planteamientos se remontan a épocas anteriores a 1825. Y que propone la propiedad comunitaria, el trabajo colectivo, y desconfía de la propiedad privada, sino la repudia directamente.
Para angustia de los enviados especiales, estos dos frentes no tienen el monopolio en regiones específicas, aunque tengan evidentes predominios. Ese predominio hace que los comandos de ambos frentes se empeñen en actuar en los dominios del otro.
El prefecto de Santa Cruz fue el primero en llegar con asistencia humanitaria a Huanuni, después de la batalla de los cooperativistas con los asalariados, en octubre pasado. El presidente Morales ha decidido evitar la capital cruceña y cuando llega a ese departamento se concentra en sus zonas de infiltración.
Todo esto es lo más parecido a una guerra civil, pero de ideas, de propuestas. Una guerra que ahora está en uno de sus momentos más tensos. Pero que no tiene visos de pasar a mayores.
Para mi gusto, el frente que encabeza el presidente Morales tiene una debilidad que podría perjudicarle en la confrontación: es demasiado racista. La debilidad del otro frente es la del capitalismo y sus injusticias en la distribución de la riqueza.
En todas las escaramuzas de este enfrentamiento se puede observar las banderas de la propiedad privada, por un lado, y de la propiedad comunitaria, por el otro. Es tan claro esto que se podría decir que en Bolivia no ha terminado la guerra fría.
La definición de este enfrentamiento no será pronto. Pero ambos frentes miran con cierto temor el momento en que se realice el referéndum para la nueva Constitución. En ese momento se sabrá cómo están divididas las simpatías de los bolivianos en este dilema ideológico que los enfrenta. Y todo indica que uno de los frentes mira con más temor la posibilidad del referéndum, como que hace todo lo posible porque no se llegue a acuerdos.
*Humberto Vacaflor G. es periodista
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