Ha quedado en la duda —o en la sorpresa, como quiere dejar el Ministerio de Minería— cuáles serán los “cuatro grandes proyectos mineros estatales” que serán el puntal de la llamada reactivación minera en Bolivia. Lo que sí está claro es que, por lo menos, cuatro proyectos privados, con fuerte inversión extranjera, entrarán en operación el 2007. Proyectos que, además, según se infiere están plenamente respaldados por el Gobierno, lo que hace suponer que éste tendrá gran amplitud con las actuales inversiones extranjeras y sus operaciones.
Los proyectos mineros privados permiten poner sobre la mesa lecciones que el Gobierno debe comprender en materia minera. Primero, que la fase de exploración —como se ha podido apreciar— toma en minería muchos años para poder comenzar operaciones, si los resultados son positivos. El ejemplo contundente, San Cristóbal, una de las minas de plata a cielo abierto más grandes del mundo ubicada al sur de Potosí que tomó mucho tiempo para completar la fase. Segundo, las inversiones. Los actuales proyectos mineros privados cuentan con inversión extranjera millonaria y, en su momento, el Estado se encargó de dotarles de todas las condiciones para su presencia. Eso significa que sin las condiciones no estarían acá. Tercero, las inversiones trajeron tecnología de punta.
En ese sentido, es bueno que el Gobierno apoye la reactivación minera también en los proyectos privados, no para “nacionalizarlos” sino para tomarlos como ejemplo de los futuros pasos.
Es de lamentar que las gestiones con la minería cooperativizada no estén siendo efectivas porque las tensiones y el riesgo de estallidos de conflicto continúan. No sólo en Huanuni el acuerdo es débil, sino ahora las amenazas están en otros centros mineros como Llallagua.