La Glorieta recobra su esplendor y atrae al turismo a Sucre Este monumento nacional terminó de construirse en 1893. Los esposos Argandoña fueron sus dueños. A diario, entre 90 y 100 turistas visitan este castillo, imponente por su arquitectura y la belleza de sus jardines.
IMPONENTE • El diseño tiene todas las características de una mezquita, con torres que parecen minaretes.
El castillo de La Glorieta se convertirá el próximo mes en un museo de época, luego de dos años de restauraciones que le permitirán reactivarse como atractivo turístico de Sucre.
Este monumento nacional ofrecerá a los turistas los servicios necesarios para una estadía placentera, con el enorme parque abierto al público que podrá utilizarlo en días de campo, con guías, restaurante y casetas de venta de souvenirs, en las que se ubicarán artesanos locales.
´El objetivo central es aprovechar esta belleza que tenemos en las afueras de la ciudad para brindar trabajo a nuestra gente, además de atraer el turismo´, informa el gerente del Proyecto Sucre Ciudad Universitaria (PSCU), Julio Rojas, a cargo de la obra. El 15 de febrero finalizará la restauración completa de este monumento, respetando los materiales de la época, por un esfuerzo conjunto entre la Prefectura, la Alcaldía, la Universidad San Francisco Xavier y el PSCU.
Los trabajos fueron realizados por el Plan de Rehabilitación de Áreas Históricas de Sucre (PRAHS) y la Escuela Taller Sucre. El museo de época se estructurará sobre la base de los muebles y accesorios que pertenecieron al castillo y fueron recuperados luego del saqueo acaecido en 1952, durante el proceso de la Reforma Agraria, en el primer gobierno de Víctor Paz Estenssoro. Esas reliquias, como el altar de la iglesia del castillo, se encuentran resguardadas en el museo Gutiérrez Valenzuela, dependiente de la Universidad; incluso se está pensando en comprar muebles de la época o en fabricar réplicas.
Reynaldo, albañil formado en la Escuela Taller Sucre y guía de La Glorieta, cuenta que éste fue construido en 1893 bajo el diseño del arquitecto ítalo-argentino Domingo Antonio Camponovo. Los dueños eran el potosino Francisco Argandoña y la sucrense Clotilde Urioste, ambos descendientes de españoles.
´Ellos nunca tuvieron hijos, y ésta fue la causa que les motivó para recoger niños abandonados: mantenían alrededor de 100 huerfanitos de las ciudades de Sucre y Potosí´, dice Reynaldo con total naturalidad. En efecto, la pareja tenía un orfanato para los niños al fondo del inmenso parque del castillo y otro en la ciudad para las niñas.
Por sus obras de caridad, el papa León XIII les otorgó el título honorífico de Príncipes de La Glorieta, los únicos que tuvo Bolivia. En la actualidad, una ley establece la propiedad estatal del castillo. De estilo ecléctico y ubicado a cinco kilómetros del centro de Sucre, sobre la carretera a Potosí, el castillo mezcla diferentes formas arquitectónicas, entre las que se destacan las influencias rusa, árabe e inglesa.
Tres torres engalanan la monumental estructura. Una, la del Príncipe, mide aproximadamente 40 metros y tiene 108 escalones en espiral, con una cúpula del estilo ruso bizantino en la punta.
Otra es la torre de la Princesa, de estilo árabe, con 80 gradas y una vistosa decoración en las ventanas; mide cerca de 30 metros. Finalmente, la torre de la iglesia, réplica del Big Ben de Londres, tiene cuatro relojes y un campanario; el estilo gótico inglés se destaca en sus 25 metros de altura.
Al edificio central se llega luego de una corta caminata de 100 metros, por el ingreso compartido con el Liceo Militar ´Teniente Edmundo Andrade´. Rojas explicó que la idea es independizar ambas instituciones.
Lo primero que uno se encuentra es la caballeriza, que actualmente presenta un color rojo intenso, por su última remodelación del año 1998. Con la nueva restauración, recuperará su color ladrillo original.
El castillo en sí cuenta con alrededor de 40 ambientes, que están en plena refacción. Si bien la entrada por ahora se encuentra restringida, allí se podrá apreciar lujosos vitrales europeos con las iniciales de los esposos Argandoña, portentosas arañas que cuelgan de los techos, mesas de mármol, entre otros detalles de la vida de los príncipes.
Los dueños de la mansión vivían solos con su servidumbre, aunque con frecuencia organizaban eventos sociales y recibían la visita de famosos invitados. Los príncipes disfrutaban de los jardines que fueron construidos a la manera de los célebres de Versalles, en Francia.
Francisco Argandoña falleció a los 60 años en 1910; Clotilde Urioste, a los 76 años en 1933. Ambos están enterrados en uno de los mausoleos más pomposos del cementerio general de Sucre.
En la actualidad, se mantienen varias construcciones que decoraban el parque: El quiosco de la meditación, con sus cortos pilares de fachada blanca; la casa de las muñecas, con pequeñas habitaciones y tejas; y un monumento a la diosa Vesta, la de la bondad en la mitología griega, que se erige sobre una colina.
Detrás, un lago donde los príncipes navegaban en un diminuto bote. Ellos tenían animales e incluso un ferrocarril propio, que recorría toda la avenida de los pinos —al costado del parque— hasta dar con el orfanato. Redacción Sucre
Algunos apuntes
El trabajo • La restauración del castillo de La Glorieta demandó una inversión cercana a los 350.000 dólares, de los cuales 90.000 fueron financiados por el BID, 60.000 por la Prefectura, 60.000 por el PSCU, y 25.000 dólares por la Alcaldía.
El dinero • En gestiones anteriores se invirtieron otros 120.000 dólares.