En lo social. El Estado tiene retos claros: eliminar el analfabetismo, ampliar la seguridad social, desnutrición cero, entre otros. Pero una tarea inexcusable es acabar con el trabajo infantil y la violación a los derechos de los niños. ésta es una deuda social.
Todo nuevo año es una inmensa incertidumbre y, al mismo tiempo, un reto para lidiar con sus avatares. El año que termina ha sido uno de los más excepcionales de la historia nacional, sin que empero haya colmado todas las expectativas, porque el atraso y la pobreza que todavía tienen presencia en el país son lacerantes y abrumadores.
Pese a ello, el nuevo año —2007— tiende a ser más prometedor. Existen buenas razones para que sea así. La macroeconomía está en su mejor momento. La industria petrolera se reactivará, después de tres años de semiparálisis. La minería tiene mercado y buenos precios, hasta ahora. Por lo menos dos a tres nuevos proyectos entrarán en actividad: San Cristóbal, San Bartolomé y la fundición de Karachipampa. La industria manufacturera tendrá todavía aliento para seguir creciendo. Se abrió el mercado de Chile para 6.000 productos agrícolas, ganaderos y manufactureros.
En la aplicación de la nueva ley agraria el Gobierno requerirá cautela y ante todo sentido de justicia que evite que el país entre en una espiral de confrontación de consecuencias impensables.
Sin duda, para que todo ello suceda será requisito indispensable que haya estabilidad política. El principal aporte tiene que generarlo el propio Gobierno, dejando atrás el fantasma de las conspiraciones, pero fundamentalmente acabar con los odios y las revanchas centenarias. Estos son otros tiempos, Bolivia lo que necesita es vivir en paz y tranquilidad, sólo así el trabajo se puede tornar en bienestar y riqueza.
De otra parte, es urgente resolver el problema del desempleo. Miles de personas están deambulando por un puesto de trabajo. Existen también profesionales de alto nivel que han sido despedidos por el actual Gobierno y que, pese a su capacidad y experiencia, están viviendo momentos muy difíciles. A esta misma circunstancia hay que atribuirle el éxodo que se está produciendo de cientos de personas de ambos sexos, lo que ocasiona la disolución de muchos hogares y, en otros casos, el abandono de los hijos.
El Gobierno debe tomar decisiones importantes respecto del tipo de comercio exterior que el país requiere. Si aquel basado en los negocios —como la mayoría de los países, incluida la China comunista— o en las ideologías. Esta determinación también permitirá consolidar industrias y, por ende, empleos.
Se tendrá que decidir sobre la política de la coca. Y en eso el Gobierno tiene el reto planteado a nivel internacional de lograr la despenalización de la coca. Tarea en extremo compleja. En lo interno, deberá lidiar con las federaciones de cocaleros que podrían burlar las nuevas reglas poniendo en serio riesgo al país respecto de la producción de coca ilegal. Para ello, vale la pena recordar al Gobierno que no puede continuar desconociendo la Ley 1008. O la cambia con una norma semejante o incluye modificaciones, pero seguir ignorando la ley no es correcto.
Hay que insistir también que en la actual administración se advierte la falta de gestión. No existe coherencia entre autoridades y subalternos y tampoco se opta por la eficiencia funcionaria.
En lo social. El Estado tiene retos claros: eliminar el analfabetismo, ampliar la seguridad social, desnutrición cero, entre otros. Pero una tarea inexcusable es acabar con el trabajo infantil y la violación a los derechos de los niños. Ésta es una deuda social de todos. Por el resto, que el 2007 llegue con bienaventuranza.