Los luctuosos sucesos de Cochabamba han causado una herida en el cuerpo de Bolivia, que no será fácil, ni rápido, cerrar. Al mismo tiempo han ocasionado un uso desmedido del verbo provocar, usado por moros y cristianos para deslindar responsabilidades, justificar lo injustificable o acusar al adversario.
Según el Gobierno, el prefecto Manfred Reyes provocó a los movimientos sociales con su lapsus linguae y con su intención de llevar a cabo un referéndum departamental en torno a la autonomía. Según el Prefecto, los movimientos sociales están provocando a los ciudadanos cochabambinos, o al menos a gran parte de ellos, ocupando ´pacíficamente´ el centro de la ciudad con una exigencia a todas luces ilegal.
La Policía sostiene que los productores de coca provocaron su represión al querer atacar a un bien público, como es la Prefectura de Cochabamba, pero, dijo la ministra, el uso excesivo y no autorizado de la fuerza provocó la reacción de los manifestantes.
Para la oposición es el Gobierno el gran provocador, porque moviliza a miles de campesinos sin ni siquiera tener la capacidad de controlarlos, pero para el oficialismo son las oligarquías privilegiadas las que provocaron los fatales incidentes del jueves.
Y podría continuar, aplicando la provocación a los medios de comunicación, al reclamo de autonomía o a la lluvia que no cayó abundantemente en Cochabamba cuando hacía falta. En suma, todos usan el verbo provocar de acuerdo con su interés.
Pero, ¿qué significa provocar? Etimológicamente, viene de las raíces latinas pro (adelante) y vocare (llamar, de vox) y significa ´llamar afuera´ o ´sacar adelante´. Por esa razón puedo decir que los cómicos (profesionales o involuntarios) suelen ´provocar la risa´, sacarla desde dentro. En un sentido más amplio, provocar es determinar la manifestación de un hecho (el terremoto provoca daños; la violencia provoca más violencia).
Cuando la manifestación que se saca a flote es negativa, provocar adquiere el sentido de irritar fuertemente o incitar, con injurias o un comportamiento hostil, al otro para que ejecute una acción. Este último significado es el que más se acerca al uso común de ese verbo.
Ahora bien, dando por descontado que cada acción provoca una reacción, queda, sin embargo, un gran margen de subjetividad en la reacción a una provocación. No todos los chicos reaccionan igual frente a la provocación de un
piropo lanzado a su chica, y una reducida minifalda puede ser provocativa para algunos y de mal gusto para otros. De hecho, muchas veces la supuesta provocación es tan sólo el pretexto para una reacción premeditada. Por ejemplo, ¿se puede tildar de provocación a un lapsus linguae? Dejo al lector juzgar, en cada uno de los casos mencionados, cuánto hay de subjetivo y cuánto de hostil en cada acción tildada de provocación.
En fin, según mi humilde criterio, todos provocan en la medida en que llevan la política a las calles y con violencia, en lugar de mantenerla en los lugares que corresponde (Congreso, Asamblea Constituyente, espacios oficiales de coordinación, mesas de diálogo). Lo sucedido en Cochabamba es, ni más ni menos, el fracaso de una clase política que, autodefinida como renovada y renovadora, lo único nuevo que nos ha traído es un juego aventurero con el fuego de la intolerancia, del racismo, de la imposición y del revanchismo.
*Francesco Zaratti es físico.
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