Riesgosos juegos políticos O el Gobierno está sosteniendo una estrategia de ajedrez político o el control sobre los movimientos sociales se está desvaneciendo, con el consiguiente riesgo de que el Jefe de Estado esté sometido a determinaciones populares.
La crisis de Cochabamba podría experimentar este fin de semana una distensión superficial. El anuncio de la suspensión, en apariencia definitiva, del bloqueo de caminos en el departamento, la determinación del prefecto, Manfred Reyes Villa, de postergar la convocatoria a una nueva consulta ciudadana en Cochabamba sobre autonomías departamentales, así como la aceptación del cardenal Julio Terrazas de ser el testigo del diálogo entre el Prefecto cochabambino y el Gobierno, ayudan a concluir en la posibilidad de este alivio.
En evidencia son señales que permiten creer que la tensión en Cochabamba podría disminuir, más si organizaciones como la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos, el Defensor del Pueblo y la Iglesia Católica están haciendo los esfuerzos necesarios para generar el escenario que procure el acercamiento entre las partes en conflicto, con miras a pacificar el departamento y a encaminar el diálogo nacional.
Sin embargo, así como se observan estas señales de desprendimiento, también se advierte que las posiciones de los protagonistas de esta pugna política no han variado en la sustancia ni en el fondo, dando muestras muy tenues de flexibilidad.
No otra cosa se puede recoger luego de escuchar el mensaje del presidente de la República, Evo Morales, que tras su retorno al país, y a pesar de haber convocado a la pacificación de Cochabamba y de invocar a los movimientos sociales a desterrar de sus acciones los sentimientos de venganza, arremetió contra Reyes Villa acusándolo de ser el único responsable de la violencia desatada en Cochabamba y alejando del Gobierno cualquier peso sobre la crisis.
Las encendidas intervenciones de los dirigentes de los sindicatos de cocaleros y campesinos regantes de Cochabamba, en el cabildo de ayer, son otra señal desalentadora. Éstas descollaron más que rasgos de intolerancia ideológica, tuvieron consignas de odio, amenazas de muerte, de saqueos y de venganzas masivas, muy a pesar del pedido del Jefe de Estado que, entre otras cosas, mantiene el mando de las seis federaciones de productores de coca del Chapare y es, además, el líder indiscutible de los movimientos sociales.
El análisis que se desprende de estos últimos acontecimientos no es alentador. O el Gobierno está sosteniendo una estrategia de evidente ajedrez político o el control sobre los movimientos sociales se está desvaneciendo, con el consiguiente riesgo de que el Jefe de Estado esté sometido a determinaciones populares que podrían, incluso, poner en serio peligro la estabilidad de la República y la vigencia de la democracia.
Reyes Villa, por su parte, no ha desistido de la realización de un nuevo referéndum autonómico en Cochabamba, sólo lo ha postergado. Asimismo, no se sabe si por, también, estrategia política o por las circunstancias particulares que lo afectan, ha determinado sumar a sus filas al resto de prefectos opositores, en una suerte de cerrar un bloque político que, entre otras cosas, amplíe el conflicto hacia otras regiones. Asunto que, premeditado o no, resulta inadmisible e irresponsable dada la crisis. Nada peor podría suceder, si no está al borde de serlo, que el conflicto de Cochabamba se convierta en un asunto nacional descontrolado.
Bajo estos elementos, se cree que sólo si ambos sectores dejan de lado sus “estrategias políticas” podrá ser viable la mediación y el diálogo verdadero.