La realidad boliviana tiene la peculiaridad de sorprender, sobre todo a quienes se jactan de conocerla, o aspiran a predecir los hechos. La semana pasada produjo hechos que llegan al extremo de ayudar a entender cómo sería la guerra civil que tantos temen y algunos ansían.
La primera revelación que dejó la semana pasada fue el terror pánico que el gobierno del MAS le tiene al referéndum. Para la reputación internacional que tiene el gobierno de Evo Morales, sólo un suicida político podría desafiarlo a un referéndum. Pero Manfred Reyes Villa se atrevió y no solamente sobrevivió sino que ha dejado dudas sobre la invencibilidad del MAS.
La osadía de Reyes Villa llevó a otra, más atrevida todavía: el prefecto de La Paz, José Luis Paredes, propuso que se establezca el mecanismo del referéndum revocatorio, pero para todos los cargos electos, incluido el de Presidente. Y el MAS sólo atina a hablar de la revocatoria de prefectos y alcaldes.
Es un descubrimiento que tiene que ver con las percepciones o los cálculos de los políticos. Similar al que están haciendo Reyes Villa, Paredes y Juan del Granado, el alcalde aliado que decidió de pronto hacer una enumeración de los defectos del gobierno del MAS, entre los cuales mencionó el que sería un errado rechazo a las autonomías. Todos ellos ansiosos de que se los tome en cuenta para la era post Evo. Es decir que estamos ante otra revelación. Hay políticos que están mirando como probable y quizá próximo el fin de la era Evo. Ah, y también está René Joaquino, el alcalde potosino, que se ha anotado en la competencia.
Pero la revelación mayor de la semana pasada fue la que se dio en los enfrentamientos de Cochabamba. Todos los expertos nacionales y extranjeros que estaban prefigurando lo que sería la guerra civil boliviana, han quedado desorientados. Para comenzar, la violencia no estalla en la ´media luna´. Y eso ya es una sorpresa. Tampoco es un enfrentamiento entre ´media luna´ y lado oscuro de la luna. Es en Cochabamba, departamento que une (o divide) a ambas regiones.
El enfrentamiento es entre población urbana, es decir burgueses, porque viven en el burgo, y agricultores. Se trata, como se sabe muy bien, de unos agricultores especiales, dedicados a cultivos ilegales, pero que controlan una carretera vital para la economía y por lo tanto se han acostumbrado a dominar no solamente Cochabamba sino todo el país. El líder de estos agricultores dedicados a cultivos ilegales es el Presidente de la República.
Los burgueses cochabambinos están cansados con la dictadura de los cocaleros del Chapare. Y se atrevieron a enfrentarlos. Los cocaleros habían incendiado la Prefectura y habían impedido que los burgueses tengan una reunión en la plaza de las Banderas. Los cochabambinos dijeron basta.
Es probable que los paceños tengan ganas, aunque no todavía el valor, de enfrentar de la misma manera a algunos alteños que aplican similares métodos de terror con los habitantes de la sede de gobierno. Y que esté cerca el momento en que también en La Paz se dé un enfrentamiento.
Los expertos internacionales que predecían la división de Bolivia en dos regiones deben estar afligidos ahora. ¿Cómo decirles que ya comenzó la guerra civil, pero que no habrá división territorial?
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
Un perdigón en el ala
Sobre los sangrientos acontecimientos ocurridos el jueves pasado en Cochabamba no desearía tomar otro partido que no fuera el de la pacificación. Pero si examinamos fríamente los hechos, déjenme escribir lo que pienso y lo que piensa mucha gente.
Un horrible cuadro
El ver a jóvenes de clase media arremeter contra campesinos me ha producido profundo asco y desazón. Se ha logrado escenificar una dinámica sobre la que han estado teorizando desde hace mucho tiempo quienes hoy en día gobiernan el país.
Época de cambios y cambio de época
Los cambios tienen que ver con la base económica pero no con el régimen económico-social, es decir, el capitalismo, que sigue intacto y nadie lo amenaza.
Estado rico e individuo pobre
Cuando se habla de economía, todos los regímenes políticos tienen la costumbre de presentar las cifras y a través de éstas presentar al país como el mejor de los mundos logrado por ellos.
El ojo que llora
Si usted pasa por Lima, trate de ver "El ojo que llora", en una de las esquinas del Campo de Marte, en el distrito de Jesús María. Es uno de los monumentos más bellos que luce la ciudad y, además, hay en él algo que perturba y conmueve.