En El Alto, 3 de cada 10 trabajadoras sexuales son niñas Se dedican a esta actividad en la clandestinidad, obligadas por proxenetas e incluso por su propia familia. No acceden a controles periódicos de salud y tampoco realizan denuncias de explotación.
CONTROL SANITARIO • La dirigenta de las trabajadoras sexuales, Lily Cortez, conversa con el médico responsable del control sanitario de sus colegas, en el centro de salud Piloto, en La Paz.
Recostada en un viejo y sucio sillón, dispuesto sobre la acera de la avenida Jorge Carrasco, en la Ceja de El Alto, Ana busca atraer a los parroquianos de los llamados night clubs. El maquillaje que lleva no esconde que se trata de una adolescente dedicada a la prostitución.
Ana es una de cientos de jóvenes que se dedican a esta actividad, ya sea por voluntad propia u obligadas por sus padres, algún otro pariente o un tercero.
Los casos en que la propia familia es la impulsora se deben, según denuncia Lily Cortez, dirigente de las trabajadoras sexuales en La Paz y El Alto, a que “de esta manera buscan estabilidad, a costa de una de sus hijas”.
La trabajadora sexual especificó que en El Alto sus afiliadas, o sea aquellas que trabajan legalmente, son más de 300. En estas condiciones, tienen más posibilidades de evitar la explotación y acceden a controles sanitarios.
No sucede lo propio con las que trabajan en la clandestinidad, muchas de las cuales son menores de edad; de hecho las niñas y adolescentes —asegura— representan el 30 por ciento.
“Hay mamás que no se duelen de sus hijas y ellas mismas las entregan a los proxenetas, a veces las rescatamos y derivamos a las defensorías, pero las mamás, si así se las puede llamar, las sacan y son ellas mismas las que las vuelven a llevar al mismo local o las hacen trabajar”, denunció.
Al desarrollar estas actividades al margen de la norma, las niñas no pueden someterse a los controles de salud semanales que reciben estas trabajadoras legales.
Pero además el miedo les impide denunciar ante la Policía la explotación que sufren; es por eso que en la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) no se conocen estos casos.
En los registros sólo hay hechos en contra de trabajadoras sexuales que habrían robado objetos personales de los parroquianos. El director de la FELCC El Alto, coronel José Heredia, informó que en la anterior gestión hubo ocho denuncias de ese tipo, pero ninguna de prostitución infantil.
Sin embargo, Heredia reveló que el departamento de Inteligencia detectó que las niñas son reclutadas a través de volantes que se reparten en las calles, donde se ofertan trabajos con ganancias de hasta $us 500 al mes.
“En el volante sólo está la oferta del sueldo y un teléfono; cuando la adolescente acude al lugar, la convencen para ir a otra ciudad y ya en el lugar le quitan sus documentos y la obligan a atender a los clientes nocturnos”.
Heredia agregó que en El Alto estas jóvenes ejercen en la Ceja, el cruce a Villa Adela, Río Seco y la zona 12 de Octubre.
El estudio Sangre, sudor y lágrimas, la trata de niños y adolescentes en Bolivia, elaborado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) sostiene que “en el sector rural de Bolivia, la posibilidad de ganar bien y vivir en las ciudades es un atractivo; no obstante, muchas de las víctimas de la violencia sexual son contratadas para hacer tareas que poco tienen que ver con lo que más tarde se ven obligadas a hacer”.
El documento establece que en la red de trata participan reclutadores, dueños de locales, intermediarios y empleados. Estas personas se encuentran mimetizadas en agencias de empleo.
Al respecto, Cortez añadió que las niñas son explotadas y abusadas por los proxenetas. “Algunos dueños de los locales las pegan, las hacen dormir y roban todo lo que ganaron en la noche, luego los garzones las violan. Por eso quiero decirles que no vean a esta actividad como una diversión; no es fácil, la vida es cruda, pero la realidad de las trabajadoras sexuales es aún más dura”.
La dirigente relató que por las madrugadas, especialmente los lunes y viernes “es normal” ver coches último modelo ceca de los locales de la 12 de Octubre, que son los que reúnen a más jóvenes. “Vienen de La Paz y los clientes son personas que pasan los 50 años, con mucha plata”.
Testimonios
Requería dinero y la engañaron
María, 15 años.
“Yo vivía en Sucre, mi padre estaba enfermo y necesitábamos dinero; en una agencia de empleo me preguntaron si quería trabajar y viajar; me vine, pero me engañaron, no sabía que era para trabajar de esto. Siempre me escapaba hasta que no pude. Me da rabia, me arruinaron mi vida”. Estudio de la OIM
Trata de ahorrar y volver a su casa
cristina. 15 años.
“Sólo quiero ahorrar para volverme a Santa Cruz y trabajar en algo diferente. Aquí, la señora me cobra todo, hasta del agua que uso para lavar mi ropa; además, le doy la mitad de lo que gano, hasta la propina tengo que dividir, y si los clientes se olvidan del cambio, eso también debo darle”. Estudio de la OIM