La supervivencia de la Constituyente Observar la capacidad de conducción y liderazgo de Silvia Lazarte no es algo marginal si se toma en cuenta que prácticamente a través de ella, y de algunos otros, se consolidó la tutela del Poder Ejecutivo hacia la Asamblea.
La Asamblea Constituyente está superviviendo. Es como la alegoría de un enfermo en estado terminal. En condición inútil. A un paso de morir. Es tal la desacreditación que pesa sobre ella que los propios constituyentes, a modo de mea culpa, reconocen que han fallado y comenzaron a confesar la pérdida de esperanza sobre ella. Otros más osados, o realistas, han planteado inclusive su cierre.
Para poner fin a las lamentaciones que provoca esta instancia es importante hacer revisar no únicamente los males políticos que la aquejan, sino también las fallas técnico operativas con las que nació. Empeñarse en analizar estas fallas es probable que parezca necio y que no haga al fondo de la enfermedad que libra la Asamblea pero las puntualizaciones técnicas, así como la conducción de la Constituyente, han hecho y hacen parte de la dinámica que está terminando por carcomer las estructuras, si en algún momento las tuvo, de este escenario de supuesta deliberación y construcción nacional.
No sería la primera vez que se apunte a la Presidencia de la Asamblea para intentar descifrar el porqué del desánimo, el caos y la confrontación que reina en el seno mismo de la Constituyente. Sin temor a equivocación, se podría afirmar que en gran medida la conducción de la Asamblea Constituyente a cargo de Silvia Lazarte, del partido oficialista, fue y es uno de los elementos determinantes.
Una gran mayoría de los vericuetos que se han sucedido en la plenaria de la Asamblea Constituyente se debieron a la ausencia de liderazgo de quien estuvo —y está— al frente de la directiva. Silvia Lazarte está en medio de la crítica, acusada de poco democrática y autoritaria desde el principio, poniendo en la polémica su discrecionalidad para otorgar y quitar la palabra. Es tal el desconcierto respecto de su conducción que corre, al presente, una carta con firmas tanto de oficialistas como de opositores para pedir su renuncia a la presidencia.
Observar la capacidad de conducción y liderazgo de la asambleísta Silvia Lazarte no es algo marginal si se toma en cuenta que prácticamente a través de ella, y de algunos otros constituyentes del MAS, se consolidó la tutela del Poder Ejecutivo hacia la Asamblea. Rompiendo, así, la independencia y soberanía que debió caracterizar a la Constituyente.
Otro asunto que se debe lamentar es la ausencia de apoyo técnico profesional. El Grupo Consultivo Andino, a través de su presidente ejecutivo, Andrés Tórrez Villa Gómez, había advertido —en un documento de reflexión— sobre la importancia de una coordinación técnica para la Asamblea Constituyente.
“De acuerdo a declaraciones de asambleístas, la Asamblea Constituyente se ha sentido absolutamente huérfana en el debate sobre el reglamento interno, donde una unidad técnica eficiente e imparcial hubiera podido ayudar a disminuir incertidumbres, desconfianzas y prejuicios sobre los conceptos planteados y debatidos”, refería el documento y advertía que “sin un apoyo técnico especializado la legitimidad y el éxito de la Asamblea corren peligro, así como la posibilidad de organizar un debate amplio sobre aspectos viables, reales y prácticos del texto constitucional”.
Y así se podrían continuar señalando los males que confronta la Asamblea y que están terminando por inutilizarla.