El ministro que no pudo tender puentes Probablemente Ric no pudo avanzar en sus propósitos personales porque se chocó con permanente injerencia política... Pero, esperar un año para revelar los obstáculos que le impidieron hacer gestión… es mucho tiempo.
Salvador Ric, ministro de Obras Públicas, Servicios y Vivienda, se fue. Adelantó la crisis en el Poder Ejecutivo renunciando irrevocablemente al gabinete de ministros, dos días antes de que el Gobierno cumpla un año de gestión. A tiempo de dimitir no pudo evitar dejar escapar las culebras del canasto y caer en las lamentaciones de lo que pudo ser y no fue.
La gestión de Ric al mando del Ministerio de Obras Públicas tuvo muchos tropiezos, como él mismo confesó. Ric, la única pieza de relación con el empresario privado, proveniente de Santa Cruz, poco conocido en el ámbito político y público, se había encontrado frente a un ministerio que era parte de un aparato estatal burocrático, corrupto y con antecedentes de ser un botín de los partidos de turno, es decir altamente politizado. Tres aspectos que él no pudo cambiar, según sus propias palabras.
Llaman poderosamente la atención las declaraciones del ex ministro Ric, más cuando revela el papel que él pretendía jugar dentro del gobierno del presidente Morales y que no se lo permitieron. Ric dijo que él deseaba tender puentes entre Santa Cruz y el Ejecutivo. Pero el ex ministro Ric se contradice enormemente porque él, junto a todo el gabinete de ministros, manejó militantemente el discurso antiautonomista durante el proceso previo al referéndum sobre autonomías departamentales, y después. Entonces, mal podría él ahora intentar convencer de lo contrario.
En cuestiones de gestión, sorprende la incapacidad que tuvo Salvador Ric, durante un año, para no poder imponer su jerarquía para desbaratar la corrupción que de acuerdo a su denuncia "está aún intacta" en unidades operativas que estuvieron a su cargo como el Viceministerio de Vivienda y de entidades descentralizadas como el Consejo Nacional de Vivienda (Conalvi), así como en el Fondo Nacional de Vivienda (Fonvis).
Es cierto que probablemente Ric no pudo avanzar en sus propósitos personales porque se chocó con permanente injerencia política, falta de independencia, indiferencia hacia su cargo (o a su persona), poca libertad para trabajar, inexistente trabajo de equipo. Pero, esperar un año para revelar los obstáculos que le impidieron hacer gestión… es mucho tiempo. Conocer el pecado y no develarlo como corresponde tiene un solo nombre: encubrimiento.
Las lamentaciones de Ric llevan, a su vez, a observar varios aspectos que el Gobierno debe corregir. Detalles que no son menores y que el propio ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, ha tenido la capacidad de enumerarlos al admitir que el Ejecutivo está cometiendo errores.
Cinco errores capitales: gabinete de ministros con relaciones poco homogéneas, ausencia de coordinación interministerial, aportar al fortalecimiento de la oposición desde las regiones, falta de mecanismos y puentes institucionales de relación entre el Gobierno y las prefecturas, y el envío de mensajes políticos que fueron observados por el país como una provocación a la confrontación de clases, de etnias y de regiones.
Menos mal que Quintana los identificó y permite así poder reflexionar sobre aquello que es necesario modificar en la gestión de gobierno. De lo contrario, habrá más ministros de utilería que sólo están en apariencia, pero en realidad no existen.