La construcción de equilibrios El país está nuevamente optimista porque siente que es hora de comenzar a construir los equilibrios necesarios para seguir caminando hacia objetivos que son compartidos como una sociedad más democrática, más justa, más tolerante.
El presidente Evo Morales comenzó su segundo año de gestión con un nuevo equipo de ministros. Este cambio posee varias señales: un giro en el rumbo de las decisiones del Gobierno, el fortalecimiento del Estado nacional y la consolidación de la visión social y de la política de izquierda.
Los primeros análisis hechos sobre estos cambios sugieren la posibilidad de que el mandatario Morales ha optado por acentuar la tendencia izquierdista en su gobierno, al haber convocado a figuras de esa corriente ideológica.
Al margen de ello, se perciben también nuevos matices del cambio operado en el Ejecutivo. Se observa, en efecto, una reducción de la dosis de la visión indigenista aymara, por la salida de Félix Patzi de la cartera de Educación. Esta apreciación fue confirmada por las propias declaraciones de Patzi, que expresó su temor de que el nuevo gabinete no continúe con las políticas de descolonización que él sustentaba.
Un cambio notorio se ha dado en el sector económico, donde, por un lado, se mantiene a los ministros considerados los pilares del plan para fortalecer el Estado nacional y, por otro, se incorpora a personalidades con mucha experiencia, como es el caso de Gabriel Loza. Y aún más interesante es el cambio en el Ministerio de Gobierno, donde aparece la figura de Alfredo Rada en reemplazo de la polémica Alicia Muñoz.
Estos rasgos del cambio permiten generar optimismo, pues la excesiva tendencia andino-centrista había suscitado susceptibilidades en todo el país, más cuando se percibe el grado en que creció el regionalismo y la intolerancia en los últimos 12 meses.
El Jefe de Estado parece haber advertido los riesgos de una política que discrimina a ciudadanos y regiones. Esta sospecha surgió de algunas partes de su discurso de evaluación, aunque en otras referencias, en el mismo día, el Presidente volvió a su estilo de acerba crítica y de provocación.
Aquí es preciso mencionar algo que La Razón viene mencionando desde el año pasado: es preciso dar coherencia a los mensajes del Gobierno. Eso le haría bien al Primer Mandatario, a su partido y al país entero.
Ofrecer política de entendimiento y luego volver a las críticas duras no es precisamente una forma de cuidar la unidad nacional. Llamar oligarcas a quienes apoyan las autonomías es quizá una forma eficiente de hacer propaganda política, pero no es un buen rumbo para buscar la unidad de los bolivianos. Los oligarcas, si es que los hay, guste o no, son parte de este país y habrá que aprender a convivir con ellos como parte del conjunto de la diversa sociedad boliviana.
Gran parte de los sectores sociales, económicos y políticos del país han visto con buenos ojos los cambios en el Poder Ejecutivo que, entre otras cosas, también señalan una visión más técnica del trabajo, más involucrada con las clases medias y, tal vez, más plural. El país está nuevamente optimista porque siente que es hora de comenzar a construir los equilibrios necesarios para seguir caminando hacia objetivos que son compartidos como una sociedad más democrática, más justa, más tolerante.
Bolivia está necesitando un programa de reconciliación nacional después de 12 meses de tensión y confrontación. El nuevo gabinete tiene la oportunidad de lanzar y aplicar ese programa.