Esa es la conclusión del Inspector General de la Policía, quien reconstruye la historia.
La Policía logró detener la violencia con esfuerzos extremos. Sólo eran 400 efectivos.
Las FFAA no atendieron el pedido de la Policía. Llegaron, se informó, cinco horas tarde.
El saldo fue dos muertos, más de 200 heridos y una ciudad atemorizada por la violencia.
La magnitud de los enfrentamientos del 11 de enero en Cochabamba estuvo a punto de derivar en una catástrofe. Los refuerzos solicitados por la Policía a las FFAA llegaron tarde. “Temía el inicio de una guerra civil”, afirmó el inspector General de la Policía, Fernando Peláez.
El jefe policial reconstruyó, en una entrevista con La Razón, lo sucedido esa tarde, cuando se desencadenaron los hechos de violencia que terminaron con la muerte del cocalero Juan Tica y del joven Christian Urresti. El primero murió por disparos de arma de fuego y el segundo por una brutal golpiza.
El general Peláez comandó personalmente los operativos de esa jornada. Relata que la mañana transcurrió con marchas de los cocaleros, la toma de la Plaza de las Banderas —donde estaba convocada una suspendida concentración cívica— y pequeños amagos de enfrentamiento entre reducidos grupos de ambos lados.
La Plaza de las Banderas fue ocupada por unos 1.000 cocaleros que no pensaban, al igual que la Policía, que en la tarde la “marcha por la paz” iba a concentrar a miles de personas de la zona norte (barrio residencial).
Hombres, mujeres y niños engrosaron esta “contramarcha” que fue detenida en inmediaciones del estadio Félix Capriles. Los jóvenes tomaron el control y arengaban “echar a los cocaleros y recuperar la plaza (14 de Septiembre)”, tomada una semana antes.
“Los informes de Inteligencia daban cuenta de que se iban a reunir en la tarde y que el grupo no sería mayor a tres mil personas. Ésa era toda la información que teníamos”, dijo el Inspector.
Sin embargo, la tensión se sentía en el ambiente. Ambas partes estaban armadas con palos, flechas, piedras y otros elementos. Las calles adyacentes a la zona norte estaban bloqueadas. Un chofer de taxi dijo que en el mercado Calatayud se acabaron las flechas. “Un hombre pagaba y los cocaleros recibían sus flechas”, reveló. Otro de sus compañeros dijo que estaban cansados de las marchas y que si intentaban dañar su vehículo “se iba a llevar a varios cocaleros”.
Las expectativas de la marcha por la democracia fueron sobrepasadas. La Policía calcula que entre 25 mil a 30 mil personas se movilizaron de la zona norte con palos, bates de béisbol, de golf y escudos de venesta pretensada. Las barricadas policiales en la avenida Libertador, a la altura del Félix Capriles y cerca del puente Cala Cala, fueron rebasadas. En el puente Antezana se presentaba una situación similar.
La movilización “por la democracia” pasó el puente y arremetió contra cocaleros de la Plaza de las Banderas. Algunos escaparon por El Prado para llegar a la plaza de armas e informar de lo sucedido. Otros fueron alcanzados y golpeados pese a que se escuchó a algunas personas llamar a “no actuar así porque no eran como ellos (cocaleros)”.
A esa hora la “masa actuaba irracionalmente, no había dirigentes”, explica el General, quien para entonces perdió la esperanza de que lleguen los refuerzos solicitados a las Fuerzas Armadas el día miércoles, a través del comandante de la Policía, general Miguel Vásquez. Se pidió, dijo, que estén a las 13.30 en el lugar de los enfrentamientos y se presentaron a las 18.00, cuando se tomó control de la situación.
“El Comandante General, desde el primer momento ha estado en contacto con las autoridades superiores y ha hecho las solicitudes correspondientes, por escrito incluso, para —dijo— que tengamos ese personal (militar), que al final llegó, aunque tarde”.
Un primer grupo de los también denominados “eneferistas” avanzó por El Prado hasta llegar, por la calle 25 de Mayo a una cuadra de la avenida Heroínas. Anoticiados los cocaleros salieron de la plaza 14 de Septiembre y se atrincheraron en esta avenida. “Hubo un primer choque donde se perdieron dos vidas”. A esa altura de los hechos, la Policía se rearticuló en la plaza Colón y se interpuso entre los dos bandos enfrentados. “Habíamos logrado controlar esa fuerza de las masas porque sabíamos que si no lo hacíamos, el descontrol iba a tener consecuencias muy graves, y realmente sólo Dios sabe cuáles”, evaluó el jefe policial.
La arremetida en la plaza de las Banderas contra los cocaleros y los siguientes incidentes dejaron más de 200 heridos de golpes de piedras, palos y disparos de armas de fuego.
Al Hospital Viedma llegaron los heridos y los familiares se apostaban en sus afueras a la espera de información. Incluso acá se registraron incidentes, pero en el interior, paradójicamente cocaleros y “manfredistas” eran atendidos en una misma sala e incluso por un mismo médico.
El operativo policial para evitar un nuevo “choque” entre los dos grupos se prolongó por varias horas y sólo contó con 400 efectivos. “Era un juego del gato y el ratón, porque repelíamos a un grupo y el otro avanzaba, y viceversa”, recordó.
“Temía que sea el inicio de una guerra civil. Personalmente lo sentí y lo sentimos. Había demasiada violencia, demasiado descontrol; felizmente bajó, pero hemos estado muy cerca, muy cerca de un descontrol general y eso nos hubiera llevado sólo Dios sabe a qué consecuencias”, reflexiona el general Peláez.
Las calles de los enfrentamientos mantuvieron por varios días las huellas de los hechos. Cenizas de llantas quemadas, palos en las calles y manchas de sangre eran elocuentes recuerdos de una jornada de violencia de la que no se salvaron ni periodistas ni instalaciones de medios de comunicación social.
La plaza 14 de Septiembre aún no borra la violencia en su fachada quemada el 8 de enero. Los movimientos sociales, que se reunían en un cabildo, la incendiaron luego de ser supuestamente reprimidos por la Policía. Este hecho derivó en la suspensión y posterior restitución del comandante, coronel Wilge Obleas, y agravó la tensión social por la renuncia del prefecto, Manfred Reyes Villa. El dirigente de la COD, Víctor Mitma, articuló las movilizaciones con los cocaleros.
Un último cabildo, que se realizó el 16 de enero, desmovilizó a los cocaleros, lo que terminó el conflicto, a pesar de que un grupo radical desconoció al gobierno prefectural, ese día.
“Estábamos con la ropa manchada de sangre, cansados, gasificados, apedreados, pero nos dimos cuenta que evitamos algo mucho más grave”, dice Peláez.
“Estábamos con la ropa manchada de sangre, cansados, gasificados, apedreados... pero todos nos dimos cuenta que evitamos algo mucho más grave”. General Fernando Peláez; dirigió el operativo policial durante el 11-E
Los hechos tuvieron su origen por lo menos un mes antes del enfrentamiento
11 de diciembre • El prefecto de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, anuncia que convocará a un cabildo para definir la realización de un referéndum autonómico.
14 de diciembre • En el cabildo se decide convocar a un nuevo referéndum para la autonomía departamental. Además, el prefecto Reyes Villa declara en el acto: “Adelante Santa Cruz y su independencia”. Eso enciende los ánimos.
19 de diciembre • Los sectores sociales reaccionan inmediatamente. La Central Obrera Departamental (COD) lidera una movilización. Una granada de gas lacrimógeno revienta. Las organizaciones sociales se enfurecen y acusan a Reyes Villa del atentado.
20 de diciembre • Un ampliado de emergencia de la COD determinó, por unanimidad, iniciar los preparativos para exigir la renuncia del prefecto Reyes Villa.
4 de enero • Se inician las movilizaciones y se decide una vigila permanente en la plaza 14 de Septiembre. Los cocaleros se asientan en la plaza.
8 de enero • Los movimientos sociales reunidos en la Plaza de Armas son reprimidos y responden con violencia, quemando parte de la Prefectura y dos motorizados. El coronel Wilge Obleas es suspendido del cargo de Comandante de Policía. Luego, volvió a su función.
9 de enero • Las marchas se masifican. Ese día se inicia el bloqueo de caminos y el sitio a la ciudad. La tensión aumenta.
10 de enero • El Comité Cívico suspende una marcha por la paz en la zona norte. Los sectores sociales responden con una marcha y toma de la Plaza de las Banderas. La Policía controla a los bandos.