En un taller de El Alto, el material en desuso sirve para dar vida a varios modelos a escala. La feria de Alasita acoge ahora estos trabajos.
Texto: Javier Badani Ruiz Fotos: Miguel Carrasco
Si existiera un cielo para los relojes, sin duda éste se hallaría en el manzano Nº 333 de Villa Adela, en El Alto. Allí, las maltrechas piezas mecánicas y digitales que un día arrastraron los minutos, encuentran en las manos de un puñado de artesanos una segunda oportunidad, salvándose así de terminar sus días en un basurero.
Desarmadas y cuidadosamente pulidas, las antes desdeñadas piezas llegan a cumplir en el taller Arte e Imagen el mayor anhelo de sus fabricantes: perdurar en el tiempo. Lo hacen de la mano de Ramiro Lozano Medina, su esposa Juana Calisaya Mollo y cinco ayudantes que usan material reciclado para dar vida a motocicletas, automóviles y embarcaciones a escala.
Hace tres años, estas artesanías adornan las paredes de un sinnúmero de personas en el país y el exterior. Y la feria de Alasita es la vitrina para mostrar su valía.
Descuartizando juguetes De niño, Ramiro Lozano era la pesadilla de sus padres. En sus inquietas manos los juguetes nuevos terminaban descuartizados.
´Buscaba mejorar mis juguetes. A mis autitos les incorporaba luces y parrillas. Como no poseía herramientas, utilizaba piedras y maderas. Hubiese querido que me proporcionen tan sólo un alicate... Hubiera hecho maravillas´, lamenta este artesano de 32 años que hasta el día de hoy fabrica parte de sus herramientas de trabajo.
Con todo, esos modelos ´mejorados´ sumaron rápidamente admiradores: los pequeños vecinos de Villa Adela que pedían a sus padres ´carritos como los del Ramiro´.
A pesar de esos alentadores primeros pasos, Lozano se chocó con la realidad económica de su familia, la cual le obligó, una vez concluido el bachillerato, a buscar un empleo para subsistir. Así, el desarrollo de su talento se mantuvo en suspenso por varios años mientras Ramiro trabajaba como chofer.
´Un día observé un helicóptero a escala y me propuse copiarlo con algunas piezas de reloj´. El trabajo le tomó dos semanas y el resultado final le impulsó a tomar la decisión de dedicarse tiempo completo a elaborar artesanías.
Los primeros meses fueron difíciles. ´Al verme necesitado, la gente ofrecía miserias por mi trabajo. Yo me veía obligado a aceptar para mantener a mi familia´, recuerda.
Sin embargo, hoy, sus artesanías —cuyo costo inicialmente no superaba los 200 bolivianos— se venden hasta en 400 dólares.
Armando rompecabezas Además de piezas de relojes, al deambular por el taller de Lozano no es extraño encontrar antenas de televisión, grifos, planchas y partes de juguetes, radios y computadoras. Todo este material es reciclado en Arte e Imagen para elaborar las artesanías que hace tres años se ofertan en la feria de Alasita.
Unas 300 piezas son necesarias para dar vida a los modelos a escala que Lozano reproduce de revistas especializadas en automóviles, motocicletas y naves militares.
Una vez escogido, el modelo es dibujado en un papel con las dimensiones con las que se desea sea reproducido. Posteriormente, esta copia se utiliza para elaborar los moldes de acero inoxidable o aluminio que, luego de ser cortados y armados, serán decorados con el material reciclado.
Este último proceso es responsabilidad de Juana Calisaya Mollo. Para ello, la esposa de Lozano se enfrenta a centenares de piezas menudas —como los engranajes de los relojes— que utiliza para emular los instrumentos característicos del modelo original.
´Es como armar un rompecabezas con piezas que no le pertenecen´, asegura esta madre de dos niños que podría duplicar ese desempeño si no fuera porque de tanto en tanto debe escapar a la cocina para asegurar la alimentación del personal que trabaja de forma continua de 8.00 a 18.00.
A la caza de chatarra Los jueves y domingos, Lozano tiene una cita con los vendedores de la feria 16 de Julio, en El Alto. Allí, este artesano encuentra el material necesario que le servirá para dar vida a sus modelos a escala.
Cada mes de diciembre, la visita a este singular mercado alteño se incrementa debido a la proximidad de la feria de Alasita.
El primer año que participó en este evento, Lozano vendió 100 unidades y el año pasado se quedó sin unidades días antes del cierre de la fiesta de la miniatura.
Este año, el artesano alteño espera vender 300 piezas. El gancho para atraer a los clientes será una réplica del caza Fokker que fue piloteado durante la I Guerra Mundial por el famoso aviador alemán Manfred von Richthofen, más conocido como el Barón Rojo.
Lozano se enorgullece al asegurar que la calidad de su trabajo es muy apreciada en gran parte por los turistas extranjeros. Así, por ejemplo, más de una veintena de sus piezas han salido del país.
´Siempre hay que innovar y no quedarse en los mismos modelos de siempre. Creo que esa es una de las fallas de la mayoría de los expositores en Alasita´, reflexiona Lozano, quien confiesa una meta ambiciosa: construir, a partir de piezas recicladas, una réplica de tamaño real de un automóvil de los años 30. ´Imagínese cuánta chatarra voy a necesitar´.
Las herramientas
Carpintero, chapista, cerrajero... La lista de oficios de Lozano es amplia. A ella se suma la de inventor, ya que ha fabricado una decena de herramientas. Entre ellas se halla un horno donde las piezas son secadas. Compuesto por un cajón, en su interior se hallan cuatro focos.
´El saca puntos´ es el instrumento utilizado para asemejar los remaches y está hecho con un engranaje de reloj y una pieza de una impresora. ´El que hace curvas´, sirve para doblar y curvar las planchas metálicas.