Al inicio de una gestión se presenta la interrogante sobre si se debiera partir de cero, suponiendo que nada del pasado es rescatable, o sobre la base de lo positivo en curso. En el caso de las autoridades y funcionarios de la actual gestión gubernamental —confrontada con la urgencia histórica de impulsar cambios estructurales—, es imaginable y hasta comprensible que la inclinación por partir de cero sea muy fuerte. ¿Cómo resolver esta disyuntiva decisiva para la calidad de los resultados esperados?
Apuntar a la génesis misma del proyecto político liderado por el presidente Morales parece oportuno y pertinente, ya que se trata de un hecho histórico que no se encuentra en debate. La naturaleza de la toma del poder en la esfera de la administración del Estado respondió a una lógica del cambio a partir de reglas preestablecidas. No fue necesario desconocer lo existente ni tampoco hacer desaparecer a algún opuesto que se hubiera resistido a aceptar el cambio posibilitado por la propia democracia. Desde esa perspectiva, queda claro que no debiera descartarse en el diseño de nuevas políticas e instituciones, la opción de partir de iniciativas en curso y experiencias exitosas.
Por otro lado, se debe tener en cuenta que el Plan Nacional de Desarrollo no plantea exclusiones o vetos respecto de determinados agentes económicos ni tampoco de determinadas formas de organización económica.
De hecho, la suscripción de contratos con las petroleras transnacionales en el marco de la nueva Ley de Hidrocarburos y del decreto de Nacionalización —considerada en esferas oficialistas y de la oposición como una de las medidas gubernamentales más acertadas—, se ha convertido en una especie de paradigma de una acción exitosa ejecutada sobre la
base de reglas preexistentes, complementadas por otras enmarcadas en un nuevo enfoque.
La siguiente fase del referido proceso dependerá de una adecuada interrelación de actores preexistentes —las petroleras transnacionales—, con una empresa que aún no ha sido refundada. Precisamente, la naturaleza de la nueva YFPB se ha constituido en una de las causas de la renuncia de su principal ejecutivo, designado por la actual gestión gubernamental, alegando que su “visión de empresa” no fue comprendida por algunos sectores del Ejecutivo.
Todo parece indicar que detrás de ese choque de visiones también se encuentra la disyuntiva entre una refundación a partir de formas de organización empresarial existentes en el mundo petrolero, enriquecidas y/o complementadas por un enfoque propio, o la “invención” de una nueva forma de organización económica a partir de cero.
De igual manera, el diseño del Banco de Desarrollo Productivo como brazo financiero público para llegar con servicios a toda la geografía nacional y a los más diversos agentes económicos —un objetivo desatendido en el pasado—, no puede darse a partir de cero sino sobre la base de las experiencias exitosas preexistentes desarrolladas por entidades microfinancieras y en función de las dinámicas desarrolladas por agentes económicos privados. En otras palabras, no tendría sentido “inventar” una entidad para agentes económicos inexistentes; lo lógico sería trabajar con entidades financieras y para agentes económicos existentes.
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