Los movimientos sociales en acción A los “movimientos sociales” se los ha desplazado también a Sucre para ”fiscalizar” —se dijo— el trabajo de la Asamblea Constituyente, aunque en los hechos ha sido una forma de atemorizar y agredir a la oposición.
A pesar de que el actual Gobierno es producto de una elección democrática que nadie la discute, algo insólito está ocurriendo desde que asumió el poder. Aparte de contar con el respaldo legal de las Fuerzas Armadas y de la Policía, se ha dado a la tarea de formar fuerzas de choque, bajo el artificioso denominativo de "movimientos sociales".
Esta es una manera disimulada de contar con una organización que, hasta lo que se ha visto, sirve para muchos fines. Entre ellos, para ser manipuladas y, a la vez, actuar como una fuerza de intimidación y también de combate. En tres oportunidades el Presidente de la República organizó asambleas partidarias, supuestamente deliberantes, para informar sobre su gestión de gobierno y someterse a procesos de crítica y autocrítica.
Empero, en rigor de verdad, no han servido para estos efectos. A los medios de comunicación se les informó que hubo cuestionamientos a una y otra autoridad, pero nada cambió. Lo que prevaleció fue el autoritarismo. Las decisiones estaban tomadas antes de que se realicen las asambleas, de modo que cuando éstas concluyeron todo seguía igual.
A los "movimientos sociales" se los ha desplazado también a Sucre para "fiscalizar" —se dijo— el trabajo de la Asamblea Constituyente, aunque en los hechos ha sido una forma de atemorizar y agredir a la oposición.
En fecha reciente, en la ciudad de Cochabamba, se vio en toda su crudeza el accionar de los "movimientos sociales", al sembrar el pánico, matando a un joven a machetazos. Se puso a prueba de que cumplían un plan debidamente planificado, al extremo de que para su alimentación disponían de productos destinados a socorrer a los damnificados de las inundaciones y los derrumbes.
Aunque se tenía la capacidad gubernamental de disponer el repliegue de sus fuerzas de choque, así como se había dispuesto su movilización, tal cosa no se hizo. Se habló más bien de "mediar" en el conflicto con el Prefecto de Cochabamba. Se ofendió, de esta manera, la inteligencia de los cochabambinos, al quererles hacer tragar sapos vivos. Algo parecido está ocurriendo en La Paz, en el afán de defenestrar al Prefecto, porque no goza de la simpatía oficial.
Al ingresar al segundo año de su gestión, el presidente Morales debería corregir la tentación de echar mano de los "movimientos sociales" para gobernar. Crear un ambiente de zozobra e inestabilidad en el país es lo peor que puede seguir haciendo. Al final de cuentas, se trata de gente humilde a la que hay que respetar y no manejarla con simples consignas que ni siquiera entienden de lo que se trata.
La tenencia de fuerzas de choque es propia de regímenes dictatoriales, como los que hubo en la Unión Soviética y en el nazismo, pero no se justifican en un país democrático como Bolivia.
El Gobierno actual no necesita recurrir al engaño y mucho menos a la violencia para cumplir su mandato constitucional. Cuenta con el suficiente respaldo ciudadano para administrar el país en clima de paz y tranquilidad. De esta manera, su accionar será más positivo y reconocido por todos. Bolivia lo que requiere es crecer social y económicamente, sólo bajo estas condiciones podrá resolver problemas tan apremiantes como la pobreza.