Hace unos días, en un seminario internacional sobre corrupción se terminó hablando de contaminación y cambio climático. ¿Qué tiene en común el fenómeno social con el natural?
En el plano metafórico, la contaminación es al ambiente lo que la corrupción es a la sociedad. En efecto, la contaminación nace muchas veces de un desprecio a la naturaleza, de un manejo abusivo de los recursos naturales y de una falta de respeto hacia los otros huéspedes del entorno en que vivimos. La corrupción corriente es eso mismo: desprecio a la ética personal y social, manejo abusivo de las normas y aprovechamiento del “otro” necesitado de un servicio público o de un empleo. Es también cierto que, a falta de recogedores, la gente tiende a abandonar la basura en la calle, así como, a falta de normas claras y de condiciones socio-económicas dignas, es más fácil que la corrupción campee y se justifique. Esto lo vivimos cada día y, desafortunadamente, es parte del aprendizaje para la supervivencia en un ambiente demasiado contaminado para que uno sienta el mal olor como una estridencia.
Siguiendo con la metáfora, si bien la contaminación es inseparable de la vida (en la Física se denomina este hecho “segunda ley de la termodinámica”), no todo acto de contaminación tiene el mismo valor. Entre un camión que quema aceite y un auto con escape catalizador hay gran diferencia, como la hay entre una termoeléctrica que emite toneladas de dióxido de carbono y una parrillada familiar que quema una bolsa de carbón. Análogamente, hay un abismo entre quien obtiene un favor burocrático, con base a la amistad o la benevolencia, y quien obtiene un empleo a costa de una parte de su sueldo. Hace unos días, un juez italiano, buen católico por cierto, anuló una multa por exceso de velocidad a un fraile que, en su descargo, alegó y demostró que llevaba los santos óleos a un moribundo. Esta actitud es más comprensible de la de países, como Alemania, que hasta hace poco reconocían válidas, para descargo de impuestos, las coimas pagadas en el exterior.
Pasando al plano real, son cada vez mayores los delitos de contaminación relacionados con la corrupción. Las descargas de basura en ciertos municipios a cambio de favores, el entierro de escorias radiactivas en países pobres a cambio de cuatro reales, la explotación de recursos naturales en países en desarrollo mediante métodos vetados en los países de origen de las empresas operadoras, con consecuencias fatales para la salud de los trabajadores y la población circundante, son apenas ejemplos de prácticas aún generalizadas. ¡Y todo esto en nombre del desarrollo, la creación de empleo y la cooperación!
Finalmente, corrupción y contaminación aparecen más hermanadas que nunca por sus conse- cuencias. La contaminación, sobre todo la grande, está causando el calentamiento global que trastorna el clima, castiga con más fuerza a los más indefensos, inclusive miles de kilómetros lejos de las fuentes de contaminación, y provoca el éxodo de la gente hacia regiones menos sucias. Exactamente lo que pasa con la gran corrupción.
*Francesco Zaratti es físico.
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