En la salud, las políticas públicas han generado cambios significativos, sin embargo preocupa de sobre manera cómo es que Bolivia no puede disminuir las altas tasas de mortalidad materna. No se trata de dar un panorama desalentador, sino de impulsar a la movilización.
Abordar la temática de la mujer implica observar diferentes y diversos tópicos de una realidad. En países como Bolivia esa realidad lamentablemente sigue ligada a la pobreza. Una relación que no es fácil de separar.
No es sobredimensionar la realidad el decir que la pobreza en Bolivia es sinónimo de mujer. Mucho más si se comprende que el término pobreza no sólo está vinculado a la carencia de recursos económicos o a la ausencia de servicios básicos, sino también a conceptos de acceso, de participación, de reivindicación de derechos, al reconocimiento, a la violencia, la democratización, el empleo y un sinfín de variables más.
Las mujeres en Bolivia llegan aproximadamente a 4,6 millones —según proyecciones demográficas—. El 49% de las mujeres en el país está entre los 15 y 49 años, mientras que el 37% son menores de 15 años. Esto significa que la mayoría de la población femenina en el territorio es joven.
La preocupación sobre el estado de la mujer en el país debiera ser creciente, más si se toma en cuenta el dato demográfico anterior. El 86% de la población femenina que no supera los 49 años debe afrontar en la actualidad una infinidad de carencias y, a la vez, de desafíos. Esto no significa que el porcentaje restante no los tenga, empero la mayor cantidad de población femenina se halla en situación de alta vulnerabilidad.
Si bien es cierto que se han logrado pasos importantes en el planteamiento y la aplicación de políticas de género, respecto de hace una década, también se debe reconocer que éstos son parciales y que en algunos casos no han tenido el impacto esperado, a pesar de los esfuerzos.
En la actualidad, muchísimos problemas que afronta el país tienen rostro de mujer. En lo político, a pesar de la mejora en el acceso a puestos de decisión y la ampliación de la participación en la vida política, las mujeres aún deben afrontar la discriminación, la violencia política y no han superado la instrumentación de la condición de mujer, traducido en un porcentaje.
El desempleo es otro aspecto. El Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB) reflejaba cómo la migración al exterior está vestida de mujer. Las expectativas que motivan a la migración de mujeres son muchas, pero la mayoría de las migrantes, además madres, abandonan el país en busca de empleo y de mejor remuneración. Las consecuencias son terribles.
En la salud se han generado cambios significativos, sin embargo preocupa de sobre manera cómo es que Bolivia no puede disminuir las altas tasas de mortalidad materna. El país sigue teniendo aproximadamente 420 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos. Se ubica después de Haití. La mortalidad materna es uno de los datos más importantes para medir la pobreza. Ya lo decía un presidente del Banco Mundial: ´Si el sistema deja que la mujer muera, entonces el sistema ha fallado´.
Y así sucesivamente se podría seguir abordando otros problemas. La lista es larga. No se trata de dar un panorama desalentador, sino de reflejar una realidad que impulse a la movilización. No es el lamento de todos los años, sino una realidad que golpea todos los años porque los procesos de cambio se producen con demasiada lentitud, mientras las cifras negativas, que finalmente representan a la mujer, siguen creciendo.