Trece años de discusiones y más de 60 cambios en el contenido original han tenido que sucederse para que el Legislativo chino aprobase ayer la primera ley que reconoce la propiedad privada en el país y que evidencia la brecha entre una China urbana y capitalista y otra rural y comunista.
Esa distancia fue subrayada también ayer por el primer ministro, Wen Jiabao, quien definió el desarrollo chino como "inestable, desequilibrado, descoordinado e insostenible" en la rueda de prensa que ofreció tras concluir el pleno anual de la Asamblea Nacional Popular.
"Estoy lleno de preocupaciones por cómo responder a los retos apremiantes a los que nos enfrentamos" para reconducir ese desarrollo, entre cuyos defectos figura la brecha entre el campo y ciudad como uno de los más peligrosos para la estabilidad social.
Minutos antes de la comparecencia de Wen, los legisladores chinos habían aprobado por 2.799 votos a favor, 37 abstenciones y 52 en contra, y en medio de aplausos, la controvertida Ley de la Propiedad, como colofón a una sesión anual histórica.
"Todo tipo de propiedad, desde la estatal a la colectiva, individual o de otro tipo, está protegida por la ley y nadie puede atentar contra ella", dice uno de los 247 artículos. Pekín, EFE