Más allá del costo económico o el tiempo que consume a los constituyentes su permanencia en los distintos departamentos, vale la pena detenerse en evaluar los resultados de dichas experiencias.
Está claro que para la ciudadanía resulta relevante, pues significa el cumplimiento de un ritual simbólico en el que la sociedad no sólo se siente escuchada de manera directa por los constituyentes en sus propuestas o demandas particulares, sino que además se siente “parte” del proceso. Es de esperar que estas expectativas no sean frustradas en el momento del debate de ideas en el seno de las comisiones y más aún, en la redacción del texto constitucional; en el pasado, la relación con nuestros “representantes”, por ejemplo parlamentarios, no ha sido la mejor en ese sentido.
Para los constituyentes, que se encuentran aproximadamente en la mitad de su recorrido, significa percibir las posiciones que priman en los distintos escenarios regionales. En ese sentido, han expresado que hasta el momento lograron constatar una importante polarización en el país, que con seguridad se confirmará hacia el final de su recorrido; pues mientras unas regiones y sectores sociales centran su discurso en las autonomías departamentales como es el caso de Cobija, otras hablan más bien de la construcción de un Estado plurinacional y la necesidad de inclusión de los sectores empobrecidos e históricamente excluidos, pero ¿se trata de dos visiones confrontadas e irreconciliables? Consideramos que estas dos visiones corresponden a dos posiciones político-ideológicas muy claras, que tenderán a dirimirse en el mediano plazo, porque se inscriben en una disputa por el poder y la hegemonía en el país que no ha logrado resolverse desde la crisis que se inició el año 2000.
Sin embargo, en el corto plazo el país requiere escenarios de concertación y acuerdos para poder avanzar, y no alimentar situaciones de confrontación y violencia que den por concluido el esfuerzo democrático por resolver los temas estructurales en el marco del diálogo y la negociación. En esa medida, es claro que sobre todo en temas críticos como el nuevo ordenamiento territorial, el modelo económico, la estructura del Estado, e inclusive el tipo de Estado, estas dos posiciones tenderán a imponerse o bloquearse mutuamente; la apuesta es, precisamente a que, con el concurso de otras fuerzas políticas y sobre todo con la capacidad de escuchar a la sociedad, se pueda lograr una salida concertada en la que los bolivianos vean reflejadas sus múltiples demandas y propuestas.
Eso requiere evidentemente que este periplo por todos los departamentos del país trascienda su carácter meramente simbólico para permitir un cambio en la lógica político-partidaria de los constituyentes y fomente la voluntad política para incorporar y plasmar las expectativas ciudadanas. Quién sabe, en las propuestas de las organizaciones de la sociedad se puedan encontrar los elementos necesarios para sentar las bases de los acuerdos sociales y políticos, para tender puentes entre las propuestas políticas con mayor peso en la Constituyente. Sólo así tendrá sentido este apresurado itinerario de los constituyentes en un momento crítico para la Asamblea.
*María Teresa Zegada es socióloga.
La inviabilidad del corredor
En mi columna anterior expuse que los bolivianos deberían estar con el ánimo dispuesto a aceptar que Chile nos ceda un enclave marítimo sin soberanía, en las condiciones que reseñé en ella.
El origen de Bolivia
En un primer artículo hablábamos de la opresión que había en Charcas. En India había un sistema de clases sociales tan rígido que hoy no se ha podido eliminar totalmente.
¿Quién pierde más?
Ojalá la explicación del anexo F sea satisfactoria y muestre que los intereses nacionales están protegidos...
Y llegamos a la censura consensuada
Como antiguo crítico de cine, sentí un doble escalofrío cuando José Antonio García Belaunde planteó su “inquietud” al Canciller chileno respecto a Epopeya —teleserie chilena sobre la Guerra del Pacífico—, y Alejandro Foxley, al toque