Una vez más expertos, políticos y, ahora, asambleístas llegan al convencimiento —si no a la ratificación— de que el empleo es la prioridad en el país. Sin él, nada está asegurado. Ni la sobrevivencia ni la estabilidad ni el desarrollo. El éxodo es una demostración...
La Asamblea Constituyente no ha llegado todavía a entrar en materia del régimen económico futuro, pero a pesar de ello ya ha provocado que este tema ingrese al debate nacional como un tema esencial. Es decir, existen algunos perfiles sobre cuáles debieran ser las prioridades de la política económica futura que permita mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.
Un seminario organizado por la Comisión de Desarrollo Económico y Finanzas de la Asamblea tocó el tema y llegó a la conclusión de que el problema central de la sociedad boliviana radica en ´las condiciones absolutamente insatisfactorias del empleo´, según refleja el suplemento De Acuerdo que publica La Razón.
Tan insatisfactorias son las condiciones de empleo de los bolivianos que muchos de ellos se están yendo del país. Y se están yendo a cualquier parte porque, lamentablemente, en cualquier otro país las condiciones de empleo son mejores que las de Bolivia. El éxodo es la prueba de ello.
Triste conclusión, que muestra el resultado lamentable de una larga lista de errores cometidos por los gobiernos nacionales.
La estabilidad de las políticas económicas surge como el elemento esencial de la diferencia que existe entre las otras naciones de la región y Bolivia. En el país hubo la tendencia de ensayar diversas políticas, receta que resultó siendo eficiente para alcanzar el fracaso.
El informe sobre el mencionado seminario dice que la explicación del éxodo son las distorsiones del mercado laboral, los bajos niveles de productividad en casi todos los sectores y los ingresos insuficientes para llevar una vida digna.
Este enfoque tendría que ser tomado en cuenta por quienes tienen la responsabilidad de diseñar las políticas que van a regir en Bolivia, ya sean los miembros de la Asamblea Constituyente o los líderes políticos. La situación de desdicha por la ausencia de fuentes laborales está vaciando el país. La migración es un fenómeno inevitable y los que quedan están viviendo tiempos de sentimientos encontrados entre esperanza e incertidumbre.
De Acuerdo dice que el ´trabajo decente´ es un único medio sostenible para reducir la pobreza. El desafío para los líderes nacionales, en ese sentido, es muy grande. No pueden soslayar la obligación que tienen de cambiar el rumbo de las cosas.
Exportar mano de obra barata no tendría que ser la única política económica del país. Porque, en efecto, se está exportando gente como materia prima, sin valor agregado. Los oficios que los bolivianos del éxodo van a desempeñar en el exterior son generalmente los más bajos y los peor pagados.
Es hora de que las políticas nacionales respecto de la economía esté en función del capital humano, es decir, de todos los bolivianos, de los que ahora buscan un empleo digno y de los vendrán mañana en pos de lo mismo.
Una vez más expertos, políticos y, ahora, asambleístas llegan al convencimiento —si no a la ratificación— de que el empleo es la prioridad en el país. Sin él, nada está asegurado. Ni la sobrevivencia ni la estabilidad ni el desarrollo. El éxodo es la demostración de que la realidad que vive Bolivia no es atractiva ni siquiera para sus propios ciudadanos. Revertir esta figura a partir de generar oportunidades, es la clave.