De aquí a un tiempo, la prensa nos informa sobre la ´suerte” que tiene el país para que le condonen la deuda externa contraída y que era algo que teníamos que pagar y ahora ya no. Este préstamo fue utilizado para construir caminos que se han caído, industrias que no existen y todo para no ser tan pobres, pero somos tan pobres que al final se nos condona y aun así, sin pagar seguimos pobres y sin desarrollo.
Sería interesante que algún iluminado del gobierno explicará, así como están explicando los famosos contratos petroleros que más parecen una clase de mecánica cuántica que de exportación de gas, la importancia de las condonaciones y en que se va a utilizar ese dinero que estaba destinado al pago de la deuda. El ministro de Finanzas y los sesudos ejecutivos del Banco Central alguna idea tendrán. Es más, porque no se destina parte de esa deuda condonada al desarrollo de la ciencia y la tecnología a través de inversiones en institutos de investigación, formación de recursos humanos y sobre todo de apoyo al desarrollo industrial tan necesario. De esa forma se puede transitar de deuda condonada o deuda condenada a una deuda que refleje algún beneficio.
Desde los años 70 se reclama y denuncia el excesivo endeudamiento del país y que desde entonces se ha mantenido en montos que dan como resultado que cada boliviano y boliviana al nacer en este país debe por derecho de piso, 500 dólares. Ahora bien, se supone que la situación debería cambiar, lo que no cambia son los niveles de pobreza que no es otra cosa que la falta de acceso a los servicios básicos, agua potable, hospitales, escuelas, caminos vecinales, riego y todo lo que tenia que hacerse con esa condenada deuda externa.
Seguimos, siendo un país con mal de chagas, tuberculosis y enfermedades respiratorias agudas, sin caminos, con mendigos a tiempo completo y un limitado y miserable ingreso por cabeza. La respuesta del gobierno en su permanente competencia con el pasado dirá que es culpa de los anteriores gobiernos, a las dictaduras de hace treinta años, a los gobiernos democráticos, al infame neoliberalismo y la capitalización, en fin la culpa es de nadies (¿Quién mato a la llamita blanca?)
La deuda externa y las condonaciones son temas que deberían haber sido considerado por la majestuosa , incomparable y costosa Asamblea Constituyente, pero tienen temas más importantes como el color de la nueva bandera o el cambio del cóndor de los Andes por un quirquincho. La deuda externa es el tema de foros y seminarios y tanto a nivel nacional como internacional es el mejor pretexto para consultorías y viajes de misiones técnicas para comprobar en el terreno como es la pobreza.
¿Y qué pasaría si no tuviéramos deuda externa? ¿Sería posible un mejor desarrollo? Esas son preguntas que dejo en manos de los expertos con títulos de especialistas en este campo y que analicen que desde los años que comenzó el país a endeudarse en serio no hubo crecimiento económico en el país. Es más, no hubo cómo pagar la deuda externa y no hay como pagar la deuda externa, si para pagar van a servir los excedentes de la exportación del gas, ese si que sería el peor negocio que se haga. Ya no sería gas para el futuro sino gas para el pasado.