Como hace 181 años, Tarija sigue luchando por su integración con el resto del país. Vive en este momento los efectos de la “fiebre del gas”, sin embargo, no pretende quedar enceguecida ante la temporal abundancia, y toma previsiones para asegurar su futuro.
El descubrimiento de grandes reservas de gas natural en las provincias Gran Chaco y O\'Connor, en 1991, vino a transformar la realidad tarijeña e hizo de Bolivia el segundo país con mayores reservas de gas en Sudamérica. Bolivia vive, desde ese momento, la era de la tercera materia prima que predomina en sus exportaciones, después de la plata y el estaño. Esa tercera era, empero, hace que Tarija viva tensiones que no conocía y que amenacen con dividir el departamento.
De pronto, con 86 por ciento de todas las reservas de gas natural de Bolivia en su territorio, el departamento se convirtió en el que más aportaba a la economía nacional, pero también en el que más expectativas provocaba. La sospecha de que muchos recursos económicos se volcarían en el departamento originó grandes esperanzas de parte de los propios tarijeños y de los bolivianos de otras regiones.
Los ingresos que genera el gas todavía no han comenzado a mostrarse en obras ni en empleo en Tarija, pero la sola perspectiva de la “fiebre del gas“ produjo con mucha rapidez una fuerte inmigración, que tomó de sorpresa a la ciudad capital.
Un departamento relegado, con carreteras insuficientes, con provincias conectadas a capitales de otros departamentos antes que a la propia capital, con una economía esencialmente agraria, necesita más tiempo y más recursos para superar el atraso acumulado por la postergación histórica.
Como hicieron en 1825, los tarijeños muestran también ahora un fuerte sentimiento nacional. Los proyectos de inversión más importantes que tienen las autoridades tarijeñas están dirigidos a incorporar al departamento a la dinámica de las regiones troncales del país. Además de completar las carreteras provinciales.
En ese sentido, la mayor expectativa de Tarija sigue siendo, a 181 años de su incorporación voluntaria a la República, su integración con el resto del país. El departamento desea incorporarse al país, pero no quiere perder su personalidad, como lo demuestra el hecho de que sus ciudadanos optaron claramente a favor de la autonomía en el referéndum del año pasado. Los tarijeños tienen una relación fraterna con la región andina, pero no están dispuestos a aceptar actitudes de hegemonía de ninguna región. Aprecian mucho sus propias tradiciones, como hacen los bolivianos de otras regiones.
La personalidad del departamento es muy fuerte, incluso en la economía. Alberga los mayores viñedos del país y las mayores bodegas de fabricación de vino. Es el lugar de donde procede todo el jamón crudo boliviano que se consume en todo el país. Esos dos productos son parte de la especialidad de Tarija en la comunidad de las regiones bolivianas, además del azúcar de Bermejo, el ajo de Iscayachi, las maderas de Entre Ríos y los pescados de Villamontes, entre muchos otros.
Sus autoridades están ahora interesadas en invertir los recursos provenientes de las regalías del gas natural en la creación de la infraestructura faltante, pero también en apoyar a las actividades económicas tradicionales, aquellas que perdurarán incluso cuando el gas natural de sus provincias sureñas se haya agotado. La experiencia de otros departamentos del país que fueron centro de producción de otras materias primas parece haber hecho que los tarijeños se propongan ser provisores y no se dejen cegar por el gas.