Coincidiendo con la próxima celebración de los 110 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Chile y Japón, ambos países suscribieron el pasado 27 de marzo, en Tokio, un Acuerdo para la Asociación Económica y Estratégica, el que buscaría, de acuerdo a lo expresado en el comunicado conjunto firmado por los ministros de Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley y Taro Aso, “potenciar nuestras respectivas competitividades y promover el desarrollo de nuestras economías, incrementando los flujos transfronterizos de bienes, personas, inversiones y servicios”, y en donde, en opinión de ambos gobiernos, “aumentar los lazos económicos de Chile y Japón permitirá (también) profundizar la relación económica de Chile con Asia y la de Japón con Sudamérica”.
Este Tratado de Libre Comercio buscaría, entre otros tópicos, dar un nuevo impulso al comercio entre ambos países, revirtiendo con ello el bajo dinamismo mostrado en la última década, en comparación con la participación total del comercio exportador de ambos países en terceros mercados. Lo anterior, se ha traducido en una disminución relativa del comercio bilateral, el que ha pasado desde un 12,4% en 1995 a un 7,8% en el 2004.
Ambos equipos negociadores habrían considerado que un Tratado de Libre Comercio sería el instrumento más idóneo para modificar esta tendencia. Ya que esto permitiría, por una parte, aumentar la canasta exportadora chilena en otros rubros y, por otra, beneficiaría al Japón, al cambiar el impacto de desviación de comercio que le han generado los acuerdos de libre comercio que Chile ha suscrito con terceros países en los últimos años. Pero no sólo en materia de bienes es significativo este acuerdo. La apertura concordada en materia de servicios y compras gubernamentales abrirá a Japón oportunidades similares a las ya negociadas por Estados Unidos y la Unión Europea con nuestro país, pudiendo así utilizar el territorio chileno como plataforma para las inversiones de sus empresarios con miras a desarrollar negocios en los mercados sudamericanos. Y como beneficio para Chile, además del acceso preferencial en bienes, debiera permitirnos ampliar los negocios en turismo, transporte aéreo y acceso a tecnologías.
Mirado en retrospectiva, este importante acuerdo suscrito con Japón es una expresión más de la importancia que los sucesivos Gobiernos de la Concertación le han dado a su vinculación con el Asia Pacífico, y es el resultado de un aprendizaje que se inició con más determinación en 1994 con el ingreso de Chile a APEC. El que si bien no es un escenario de negociación comercial propiamente tal, sí ha sido un espléndido espacio de aprendizaje para conocer los códigos políticos, culturales y económicos de sus países miembros, principalmente los asiáticos.
Otro importante hito en esta estrategia fue el éxito alcanzado por Chile como país anfitrión del APEC 2004, reunión tras la cual nuestro gobierno se dio a la tarea de reimpulsar su vinculación con estos países, para lo cual la autoridad convocó a los sectores privados y públicos de nuestro país con el objeto de concertar una estrategia que buscara potenciar aún más nuestra participación en esa región del mundo, promoviendo a nuestro país como una plataforma para el comercio, los servicios y las inversiones.
Como resultado de la política de aproximación a esa región del mundo, Chile cuenta hoy, junto al reciente tratado firmado con Japón, con un Tratado de Libre Comercio con Corea, el que fuera el primer acuerdo entre un país asiático y uno sudamericano. Un Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica con Nueva Zelanda, Singapur y Brunei, que posee un fuerte componente de cooperación. El reciente acuerdo firmado con China, primer acuerdo firmado por esa nación con un país no asiático; y el Acuerdo de Alcance Parcial suscrito con India.
Estos tratados, sumados a los ya suscritos con Estados Unidos, Unión Europea y la mayoría de los países de América Latina, entre otros, se sustentan en un gran consenso nacional que comprende que una economía de menor tamaño como la chilena, inserta en un mundo cada vez más globalizado y competitivo, debe buscar activamente alianzas con sus socios comerciales para asegurar el acceso preferencial de nuestros productos a los mercados internacionales, resguardando al mismo tiempo a los sectores más sensibles de nuestra economía.
El trabajo de los próximos años estará abocado a construir con los países vecinos, en alianza con sus sectores públicos y privados, una estrategia y un modelo de negocio que nos permita a todos hacer un aprovechamiento compartido de estas ventajas, en donde temas como la complementariedad productiva y su encadenamiento, las misiones empresariales conjuntas, y otras, debieran ser parte central de este desafío.
*Enrique Soler G. es director de la Oficina Comercial del Consulado General de Chile en Bolivia.
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