Cualquier autonomía deberá crearse de “abajo para arriba” El antropólogo Xavier Albó destaca que el reto de la Constituyente es saber recoger las demandas de autonomía desde la base social y territorial, aunque esto sea complejo.
El futuro país autonómico que vaya a nacer de la Asamblea Constituyente tendrá que ser formado “de abajo hacia arriba”, como un conjunto de formas territoriales que responda a la realidad local, regional y departamental. Será un Estado autonómico necesariamente “complejo”, señala con respecto a las futuras autonomías el sacerdote, antropólogo y lingüista, Xavier Albó.
“Tenemos que encontrar una articulación asimétrica dentro del abigarramiento; por tanto, la solución tiene que ser compleja”, señala sin reparos Albó.
Las autonomías de abajo hacia arriba si bien implican el riesgo de llevar cierto caos territorial, es mejor que sea así porque responde a las demandas políticas y culturales de territorio legítimas de la sociedad civil, insiste.
Es por esta razón, por ejemplo, dice, que se ha llegado a la demanda de un Estado unitario a la vez que plurinacional. Por lo menos desde la perspectiva indígena se da importancia a la “nación-Estado” boliviana, al mismo tiempo que se aspira a conservar la autonomía de los pueblos originarios.
“La nación-Estado no excluye que sea además plurinacional”, en el sentido de combinar la libre determinación de los pueblos originarios con la conservación paralela del Estado boliviano.
Según el mapa de etnicidad elaborado por el antropólogo (ver gráfico adjunto), en base al censo del 2001 cuando se preguntó sobre la identificación que tenían los bolivianos con respecto a algún pueblo originario, se puede afirmar que por lo menos los “municipios indígenas” resultan algo relativamente obvio en las áreas de influencia aymara y quechua: en gran parte de las municipalidades, más del 75% de la gente se identifica indígena.
Sobre todo en el área aymara, donde la población indígena es más homogénea, se puede señalar que la autonomía originaria llega incluso al departamento.
Pero, y esta es una de las provocaciones del antropólogo, incluso dentro del gran “mundo aymara” existen diversidad de tendencias territoriales. Se es aymara pero inmediatamente se pone el acento en la identificación regional, como los aymaras Pacajes, más o menos distantes de los aymaras Carangas.
Si bien existe el discurso de reconstituir la “nación aymara” o la “nación quechua”, para el antropólogo es muy difícil que esto se haga realidad, por lo menos en lo inmediato, debido precisamente a las distintas facciones tanto aymaras como quechuas.
Las autonomías indígenas también enfrentan la división y hasta la rivalidad entre los indígenas de una misma región, como las comunidades tacanas divididas en tres departamentos (La Paz, Pando y Beni), o el caso de los guaraníes en el Chaco, presentes y divididos en Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz, entre los cuales incluso ya estalló el enfrentamiento por la renta petrolera.
Dos aspectos hacen a la mayor o menor fortaleza de las autonomías indígenas, según Albó: la forma de elección de sus autoridades, la manera en que se percibe a la autoridad, y la mayor o menor fortaleza de las comunidades rurales, las cuales aún sigue siendo la base de reproducción de las identidades étnico culturales originarias.
Ante las propuestas de ver al municipio o comunidad indígena dentro del departamento, Albó habla de aplicar una mirada dialéctica, que ayude a la distribución territorial tanto desde arriba como desde abajo.
Gracias a la comunidad indígena, relativamente pequeña, que incluso se intentó eliminar, la cultura originaria ha sobrevivido.
Si no hubiera habido la colonización, el estilo que tendrían nuestros países sería la federación suiza, donde la comunidad es la base.
Xavier Albó, antropólogo
Sacerdote • Se doctoró en la Universidad de Cornell (Nueva York, 1970). En 1971 fue cofundador del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado, CIPCA. También es lingüista.