El reto de Bolivia es hacer un modelo propio de autonomías Según el vicepresidente Álvaro García Linera, ambas demandas tienen una profunda raíz histórica, y ya no es posible que se ignoren una a otra.
Mesa redonda • En el debate "Hacia una visión nacional de las autonomías" (foto) se identificaron tres grandes demandas autonómicas: la departamental, la regional y la indígena. Todas coinciden en conservar la unidad del país.
A estas alturas de la crisis estatal que vive el país, la convivencia entre las autonomías departamentales e indígenas es uno de los grandes retos que debe asumir el país, según el vicepresidente de la república, Álvaro García Linera.
Ambas autonomías tienen raíces históricas profundas, insiste García Linera, de modo que no son meros artificios políticos recientes que se hayan creado para enfrentar la una con la otra. Tratan de resolver una suerte de deuda histórica que tiene el país para consigo mismo. Mientras la autonomía departamental expresa la necesidad de una mejor distribución territorial del poder, que el Estado se haga más democrático a través de esta vía; la demanda indígena de territorio autónomo refleja el proceso de descolonización que hoy vive el país, responde a la gran demanda de igualdad para los pueblos indígenas u originarios.
Mal que bien, ambas demandas autonómicas están obligadas a articularse, a establecer un equilibrio en beneficio de ambas partes. Hoy, hablar de autonomía departamental sin lo indígena, o demandar la autonomía indígena sin considerar lo departamental, por ambos lados es mutilar el debate, según el vicepresidente García Linera.
Es posible la complementación, pues la convivencia de las demandas regionales y las étnico-culturales, ni es la primera vez que se da en la historia de la humanidad ni será la última. Similares o acaso más complejos procesos tuvieron que pasar la India, Suiza, Sudáfrica. El punto está, insiste el vicepresidente, en que los bolivianos debemos ser capaces de crear nuestro propio modelo, sin imitar a nadie.
Ahora, las demandas de autonomía apenas son una parte del problema. Para el vicepresidente, la otra cara de la medalla del debate territorial, es el Yo colectivo. Se trata del hecho de que la desconcentración territorial del poder que significan las autonomías, en ningún momento pongan en duda la existencia y fortaleza del techo común del país que es el Estado nacional. El tema es cómo la distribución del poder en el nivel subnacional no afecta la base material e institucional de la unidad nacional. Tan importante para las autonomías es el Estado nacional, que ellas mismas son inviables si es que con sus exigencias autonómicas, centrífugas por definición, hacen inviable a este gran ´techo común´, insiste García Linera.
El techo común en lo básico es la propiedad estatal nacional sobre los recursos naturales, renovables y no renovables; sobre los energéticos, el gas, el petróleo, los bosques, el agua, la tierra; pero también la potestad sobre la unidad de las Fuerzas Armadas y el mando único de la policía.
Cuando ciertas demandas autonómicas, tanto departamentales como indígenas, ejemplificó García Linera, ´le han puesto el ojo´ a los recursos naturales, advirtió que la propiedad estatal nacional sobre los mismos es innegociable, y que se impone un desprendimiento de ambas autonomías para con el Yo colectivo nacional.
¿Son democráticas las autonomías departamental e indígena? Si bien ambas se postulan como una forma de ampliar la democracia, no son democráticas por sí mismas, porque también puede haber procesos autonómicos que concentren el poder en las élites locales, advierte el vicepresidente. Este es precisamente el reto, avanzar de manera sincera a construir un estado autonómico que además de articular ambas bases, la indígena y la departamental, garantice los procesos democráticos de mayor participación de la sociedad en la toma de decisiones.
Ahora, las autonomías departamental e indígena tiene su base económica y material, destaca el vicepresidente. Cuando antes el centralismo tendía a alimentar a sólo un polo de desarrollo del país, hoy más bien se ve la desconcentración del poder económico en varios polos de desarrollo. Se acabó las región líder. Esto, según García Linera, no es más que la demanda de la población de una mejor distribución de la riqueza.
En Bolivia tenemos que crear nuestro propio modo de combinar lo indígena y lo departamental, sin imitar a nadie.
El centralismo política y discursivamente es inviable. Más aún, ahora incluso es inviable económicamente.
Alvaro García L., vicepresidente
Matemático • El vicepresidente es licenciado en matemáticas, en México. Es cientista social y politólogo de manera autodidacta. Es el célebre Qhananchiri (´El que alumbra o da luz´, en aymara) cuando formaba parte del EGTK.