Como todavía hay en el aire coletazos de los festejos garciamarquinos, vale la pena recordar la célebre contienda de comilones celebrada entre Aureliano Buendía y Camila Sagastume, “una hembra totémica, conocida en el país entero con el buen nombre de La Elefanta”. García Márquez cuenta que “Mientras Aureliano Segundo comía a dentelladas, desbocado por la ansiedad del triunfo, La Elefanta seccionaba la carne con las artes de un cirujano, y la comía sin prisa y hasta con un cierto placer”.
Ya “Desde la primera vez que lo vio (La Elefanta) se dio cuenta de que a Aureliano Segundo no lo perdería el estómago, sino el carácter”. Valga el disfrute de semejante historia para sacar una lección política. El MAS corre el riesgo de atragantarse con la Asamblea Constituyente al intentar engullírsela de un bocado. Primero fue la pelea por imponer una modalidad de aprobación del texto constitucional por mayoría, siendo que la Ley de Convocatoria, aprobada como fruto de un acuerdo previo, establecía dos tercios. Después fue la salida apresurada hacia el rumbo de la reelección y el adelanto de elecciones, sin tener un mínimo de debate y acuerdos sobre el texto de la nueva Constitución. Luego, la chambonería que generó un debate insulso respecto al papel de unos supuestos asesores que supuestamente estarían escribiendo una supuesta nueva CPE.
El MAS tiene hambre de poder, porque quiere reafirmar de prisa y sin pausa la mayoría electoral obtenida en las urnas y piensa que tragarse a la Asamblea es la medida inmediata y eficaz. Pero, se ol-vida que la Asamblea está compuesta de distintas fuerzas políticas, aliadas y de oposición, disminuidas y escasas en número, pero reales. Se olvida también que mientras más tiempo pase, más respondones serán unos y otros, agarrándose al filo de los dientes de la boca que se los quiere comer. ¿Por qué? Por pura sobrevivencia política. Es mejor ser manjar en la boca del lobo que bocado en la panza del tiburón. Así es que ya aparecen voces que discuten el tiempo de ampliación, exigen debate público, quieren responder honestamente a lo que la gente les propuso en los encuentros territoriales, se toman en serio lo conversado en las audiencias públicas y quieren analizar distintas propuestas (entre ellas la de los supuestos asambleístas en la sombra) como si tuvieran varios naipes en la mano.
Mientras los voraces actúan dentro la Asamblea, desde afuera los tuertos miran el escenario político con miedo, porque, al verlo con un ojo, logran ver a un solo actor, achacándole todos los males y designios perversos, desde la mala intención hasta el más rotundo autoritarismo. Dicen que en política todo espacio vacío se ocupa. Así es que quienes quieren hacer política, sólo tienen dos posibilidades: actuar o dejarle el espacio al otro actor.
Miremos hacia atrás… el MAS ganó por mérito de su proyecto político (su propia actuación) y porque los partidos en cancha hicieron muchas cosas mal (la acción de otros). Hacia adelante, si quienes se empeñan en depositar en el MAS la omnipresencia política, están autoborrándose. Y en política esto es tan ineficaz como la voracidad.
Ojalá que voraces y tuertos no se anulen mutuamente, dejando a la población con una promesa incumplida: la de que la Asamblea Constituyente produciría nuevos pactos sociales y políticos.
*Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
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