Los periodistas del país celebran hoy su día, el cual fue establecido en esta fecha en 1938, como expresión de júbilo porque el gobierno del extinto presidente Germán Busch aprobó un decreto que puso en vigencia la jubilación para este sector social, incipiente aún en ese tiempo.
La buena intención del Mandatario no prosperó, pero la fecha conmemorativa se la conserva hasta estos días. Es cuando los periodistas se reúnen para festejar el grato acontecimiento. Suele servir también para hacer un balance de la tarea cumplida.
Igualmente, para renovar el compromiso de defender la libertad de prensa en toda circunstancia, sin desmayos ni concesiones. Por último, la oportunidad se presta para realizar una introspección personal íntima, dirigida a determinar si conscientemente se está seguro o no de ser auténtico servidor de los intereses públicos y de la comunidad nacional.
El ejercicio equilibrado del periodismo no es fácil, a veces, las tentaciones de la figuración y del poder que, efectivamente, se ostenta, dan lugar a excesos. Este día, entonces, es propicio para hacer las enmiendas que correspondan y trabajar con humildad.
En cuanto a la situación que el periodismo confronta como órgano social, cabe señalar que no es de la mejor. Se anticipó, además, que el Gobierno insistirá en la aprobación de una ley que regule el acceso a la información fiscal, lo que podría implicar una censura. Se espera no llegar a tal extremo.
Es tiempo de desafíos para el país y para el periodismo. Quizá el principal para el oficio es la exigencia de no responder a ningún interés particular, sea éste empresarial o político-partidario, y buscar todo el equilibrio posible en su tarea. El rol del periodismo no ha cambiado y sigue siendo el mismo: la verdad, por sobre todo.