Cuenta la antigua leyenda nipona que estos juguetes de gran belleza podían retener a los espíritus malignos y que, si se les daba mucho amor, lograban su propia alma. Hoy, cada ejemplar pasa de generación en generación como un legado de la vasta cultura del país de oriente.
Texto: Miguel Vargas Saldías • Fotos: Ángel Illanes
Hace miles de años, en Japón, se pensaba que las muñecas tenían un poder muy especial: retener en sus cuerpos a los espíritus malvados, salvando de esta forma a su dueño de posibles encuentros fantasmales. La tradición también relata que cuando una niña quería mucho a su muñeca, ese amor nutría al juguete y además le daba la posibilidad de adquirir un alma. Si la misma muñeca se rompía, debía ser enterrada en un templo sintoísta mientras su dueña rezaba para quedar embarazada de una niña, la cual recibiría el alma de la muñeca.
De madera de durazno, ciprés o bambú; con arcilla, seda o papel maché; estas figuras delicadas y detalladas (ningyo, muñeca en japonés) forman parte integral de la vida nipona en la que no sólo desempeñan un papel decorativo y lúdico, sino que ejercen de cofres de conocimientos, permitiendo que la cultura japonesa se mantenga viva de generación en generación.
Es precisamente éste el principal objetivo de la exposición Las muñecas del Japón, una muestra itinerante de 60 piezas que ha visitado todo el mundo que culmina un ciclo de viaje en Bolivia, luego de haber pasado en Latinoamérica por países como Costa Rica, Nicaragua y Colombia. De Bolivia partirá de retorno a Tokio, donde los especialistas de la Fundación Japón revisarán cada pieza y le darán el respectivo tratamiento.
En su permanencia de un mes por el Museo Nacional de Arte de La Paz, el esplendor de estas piezas —que pueden llegar a costar desde 2.000 a 15.000 dólares, dependiendo de su tamaño y de la técnica utilizada— relata historias milenarias del País del Sol Naciente. Es como si hablasen: el visitante sólo necesita acercarse a una de ellas y, luego de contemplarla, escucharla.
Los orígenes de la ningyo
Me sacan de mi empaque y abro los ojos. Me encuentro en un repositorio muy lejos de casa, después de emprender muchos viajes. Veo cómo pintan las paredes de blanco y amarillo, mientras curadores y funcionarios del museo sacan a mis compañeras de viaje y las van registrando, examinando y clasificando para luego ponerlas en pedestales. Yo tengo suerte. Soy una Hina Ningyo, una muñeca del Festival Hina y mi sitio es preferencial.
Soy la estrella del Hina Maturi, el Festival de Muñecas. Se dice que el origen de esta celebración es el Hina Nagashi, una fiesta en que las muñecas de papel eran enviadas en barco por el curso de un río, llevándose consigo los malos espíritus, que según la tradición retenemos.
En la actualidad, el Hina Matsuri se celebra con gran alegría el 3 de marzo. Se trata de una costumbre tradicional que se practica desde hace unos 1.000 años. En este día, cada familia exhibe sus muñecas en una especie de gradería, colocando en la parte superior, una especie de altar, a una pareja de hombre y mujer como un signo de oración por la felicidad de sus hijas jóvenes.
Ése es mi trabajo. Desde el altar, veo cómo la familia pide para sus hijas crezcan sanas y fuertes, además de pedir que se casen jóvenes. Nuestros atuendos son los antiguos de la corte y nos decoran con flores de durazno. Por nuestros favores se nos ofrecen galletas saladas de arroz y otros alimentos. Es primavera y las niñas se regocijan. Mientras tanto, nosotras esperamos ser parte de la herencia familiar que pase de generación en generación.
La mayoría de nosotras se produce en el norte de Japón y nuestra manufactura se origina en la época que los campesinos durante el invierno, al no poder cultivar arroz por las nevadas, elaboraban muñecas que luego se vendían como artesanía. Por eso es que las distintas técnicas varían dependiendo del lugar de producción.
Si bien nosotras, las Hina Ningyo, formamos parte del Hina Matsuri, los muñecos de guerreros ya son parte del Festival de los Niños. El Kodomo-no-hi se celebra el 5 de mayo y desde el año 1984 esta fecha es considerada como fiesta nacional. Ese día, las familias exhiben las figuras que representan a los más famosos generales. El objetivo de esta fiesta es que los niños refuercen su virilidad y templen el carácter para estar preparado para los problemas del futuro. Estos muñecos reciben el nombre de gogatsu ningyo.
Los retoños del teatro
El montaje está en proceso. Desde mi sitio, junto a otra pareja de hina ningyo, puedo ver perfectamente a las figuras del teatro Noh. Allí está un antiguo personaje de este arte escénico musical que se desarrolló durante el siglo XIV, la expresión de su tipo más antigua de Japón. Estas imágenes pertenecientes al período Muromachi (1400-1600) tienen una particularidad: todas llevan máscaras. Allí está el hombre anciano, que ostenta sendas arrugas, o el Soho, aquel animal mítico llegado de la China, con un rostro de demonio y una gran melena roja. Más tranquila está Hanagatami, figura femenina con una cesta de flores.
Los títeres del teatro Bunraku, que pisaron por primera vez los escenarios en 1684, nacieron en los viajes de los cuentacuentos, consolidándose cuando el narrador Takemoto Gidayu instaló un teatro en Osaka, y junto a Takeda Izumo y Chikamatsu Monzaemon, crearon obras sobre mercaderes que fueron llamadas sewamono. Celebradas en Osaka, una ciudad comercial enamorada de las historias de suicidios por amor, tuvieron gran éxito.
Reflejos de la vida cotidiana
Muy elegantes y coquetas están las Kyo Ningyo y las Oyama Ningyo. Ellas son figuras femeninas de gran realce, donde el trabajo en hilos plateados y dorados sobre la tela y los rostro tersos son la principal característica. Las primeras son muñecas hechas en Kyoto, la ciudad de las tradiciones. Ellas cuentan con un bordado muy delicado y profuso. Y les cuento un secreto: si bien las telas tienen hermosas texturas, las formas se las otorga una base de papel duro para que nunca pierdan la forma.
Algo similar sucede con las Oyama Ningyo, muñecas que representan a las mujeres jóvenes en que se ven los estilos y modas.
Mis compañeras son muchísimas más: Están las Kimekomi Ningyo, efigies de madera que utilizan kimono y que se basan en la técnica de vestir la pieza pegándole telas de colores; así como el Hakata Ningyo, que se hacen en el área de Hakata en Kyusyu, muñecas de arcilla con mucho color.
Los niños también son muy importantes: Están las muñecas imperiales, las Ichimatsu (que representan de forma realista a los infantes japoneses), y las que muestran las costumbres y juegos propios de los más pequeños.
Mi temporal encierro en el Museo Nacional de Arte por un mes no será en vano: permitirá que los visitantes puedan conocer mi cultura y deleitarse con mi belleza.
Datos: Museo Nacional de Arte y Reiko Yamada, asistente para asuntos culturales de la Embajada del Japón en Bolivia.