Es por esas y otras razones que la Iglesia Católica en Bolivia tiene la solvencia moral, más allá de cualquier deuda histórica que se le quiera cobrar, para hablar en voz alta, para decir la verdad y lo que es bueno llamarlo por su nombre, y si es malo decirlo con claridad.
Si algo no tiene ningún sentido o si por el contrario tiene tanto que preocupa, es la distancia, con evidente malestar, que existe actualmente entre el gobierno del presidente Evo Morales y el clero nacional, que directamente representa a la Iglesia Católica, y por tanto al Papa Benedicto XVI.
Lo evidente es que no hubo más razón de enojo que las palabras expresadas por el Santo Padre en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM) en Brasil, sobre un presunto ´autoritarismo´ que amenazaría a algunos países del área. Esta advertencia, seguro bien analizada antes de pronunciarla, la tomaron algunos gobiernos —entre ellos el de Bolivia— casi como una provocación del Papa, donde, ciertamente, pocos fueron los que se sintieron aludidos y muchos los que, por alguna razón distinta, tomaron las expresiones como una sana reflexión para la región.
Por su parte, el cardenal Julio Terrazas advirtió en la CELAM sobre los complejos momentos políticos que vive Bolivia, la aparición de un movimiento revanchista de corte indigenista, la incitación a la confrontación, los vicios del centralismo estatal que no resuelven los mínimos requerimientos de la población, y la lejanía que muestra la Asamblea Constituyente para arribar a la esperada Carta Magna.
Lo dicho por la Iglesia Católica ha molestado tanto al Ejecutivo, al grado que éste mandó a ésta a rezar y salvar
almas. Empero, esas palabras, naturalmente, tuvieron respuesta inevitable como las mencionadas por el obispo auxiliar de Santa Cruz, Estanislao Dowlaszwic, que recordó que la Iglesia no se limitará a rezar como algunos lo desean y defendió al Papa manifestando que lo que él hizo fue hablar con claridad.
Si la Iglesia Católica en verdad se habría dedicado sólo a rezar y salvar almas en el país, es probable que a esta hora Bolivia no viviría en democracia. O la democracia habría tardado mucho más en llegar o no habría llegado.
La Iglesia Católica boliviana, junto a otras organizaciones nacionales, no sólo se enfrentó a las dictaduras del pasado ofreciendo los mártires que toda Bolivia conoce, sino que fue la denuncia, la labor humanitaria, la solidaridad hecha institución, la defensa de los derechos humanos.
Ya en tiempos democráticos, la Iglesia se constituyó para, por ejemplo, los movimientos sociales —base fundamental del Gobierno—, en la protección y el amparo que promovió la concordia que se requería, cuando los mismos gobiernos democráticos cometían excesos que a juicio de los sacerdotes eran inaceptables, en medio de desbordes producto del descontento de la gente pobre. Sus templos sirvieron de refugios, de postas médicas, de santuarios de resignación y de velatorios.
Es por esas y otras razones que la Iglesia Católica en Bolivia tiene la solvencia moral, más allá de cualquier deuda histórica que se le quiera cobrar, para hablar, como dijo Dowlaszwic, en voz alta, para decir la verdad y lo que es bueno llamarlo por su nombre, y si es malo decirlo con claridad.
Por qué no recoger el mensaje de reconciliación de la Iglesia Católica, antes que la respuesta, y buscar lo que ´nos une´. En este momento, lo aconsejable es que se produzca una reconciliación entre el Ejecutivo y la Iglesia en un marco de respeto.