El ejército libanés bombardeó con artillería pesada un grupo de combatientes islamistas atrincherados en un campo de refugiados palestinos del norte del Líbano, en el segundo día de combates en los que ya murieron 58 personas, 12 de ellas ayer.
El saldo de víctimas mortales convierte estos combates en los más sangrientos desde el final de la guerra civil libanesa en 1990.
Paralelamente, seis personas resultaron heridas en un atentado con bomba que estremeció ayer por la noche una calle comercial del barrio de Verdun, en el oeste de Beirut, señalaron fuentes policiales y médicas.
La explosión, causada por una bomba adosada debajo un coche, tuvo lugar un día después de que un atentado perpetrado en Achrafiyé, en el este de la capital, causara un muerto y 10 heridos.
Según el centro médico palestino, nueve civiles palestinos perdieron la vida y otros 70 resultaron heridos ayer en el campo de refugiados de Nahr al Bared, sometido a intensos bombardeos de la artillería libanesa. Los extremistas islámicos respondieron a los proyectiles con disparos de ametralladoras y de morteros.
Por la noche, tres soldados libaneses murieron en un ataque de islamistas a la entrada de ese campo situado al norte de la localidad de Trípoli y en el que viven unos 31.000 refugiados, según fuentes de seguridad y hospitalarias consultadas.
A bordo de una quincena de transporte de tropas, un grupo de soldados llegó como refuerzo y tomó posiciones alrededor del campo sitiado. Entre tanto, al caer la noche se seguía oyendo disparos esporádicos.
Frente al asedio del ejército, el grupúsculo Fatah Al Islam, acusado de mantener vínculos con Al Qaeda y con el espionaje sirio, amenazó con ampliar sus ataques más allá de los límites de la localidad norteña costera de Trípoli, donde el domingo estallaron escaramuzas que fueron cobrando intensidad y se saldaron con 46 muertos: 27 soldados, 17 islamistas y dos civiles, uno libanés y el otro palestino.
Las agencias humanitarias pidieron la proclamación de una tregua que les permita socorrer a los civiles entrampados en el campo. Nahr Al Bared (Líbano), AFP