Lo ideal sería que, al margen de cifrar justificadas esperanzas en los hidrocarburos —con millonarias inversiones—, se preste igual o mayor atención al desarrollo de su espacio geográfico, con lo que aseguraría mejores condiciones de vida para su población...
Al cumplir hoy 198 años de haber tenido el privilegio de ser la cuna del nacimiento de Bolivia, Chuquisaca vive un momento excepcional. Más que nunca, se halla empeñada en tener la capitalidad plena de la República y a la vez espera atraer millonarias inversiones para explotar sus riquezas hidrocarburíferas, que considera son cuantiosas.
Así, en el linde de sus certezas cívicas y la confianza de que sus expectativas económicas serán coronadas plenamente, Chuquisaca celebra su nuevo aniversario con la redoblada fe de que la historia, una vez más, la convertirá en gestora de un nuevo amanecer para el país. Esa luz del día que espera Bolivia.
El acontecimiento de hoy, sin embargo, tiende a ser circunstancial. Los chuquisaqueños están más abstraídos en el 2009, cuando sus memorables campanarios doblarán a rebato sus campanas el doble centenario del grito libertario que emergió de sus ilustres antepasados.
Históricamente, fue el primer alzamiento contra la corona española en las tierras de la América morena. El movimiento independendista pronto germinó en otras latitudes, en varios casos bajo la inspiración y el adoctrinamiento de insignes chuquisaqueños, salidos de las venerables aulas de la Universidad Pontificia de San Francisco Xavier.
En cierto modo, puede decirse que Chuquisaca apunta hoy más al 2009, pero no dejan de haber discrepancias acerca de si ésta es la culminación de una vida marcada por bienaventuranzas e infortunios, o mejor considerar como el punto de partida hacia días más luminosos y promisorios.
Acerca de ello, sucede que importantes empresas petroleras están dirigiendo, en estos días, su mirada hacia Chuquisaca, ante las perspectivas que tendría de atesorar en sus entrañas una gran riqueza hidrocarburífera. Al presente, es en el único departamento de Bolivia donde se perfora un pozo hidrocarburífero.
Se trataría del pozo Margarita X-4. Ex funcionarios de la Prefectura de Tarija sostienen que este pozo estaría en territorio chuquisaqueño, esto es que el 95 por ciento le pertenecería a Chuquisaca y sólo el 5 por ciento a Tarija.
Aparte, Chuquisaca tiene actualmente dos pozos en explotación, en Vuelta Grande y Monteagudo, que le representan el ingreso de 61 millones de dólares anuales, por concepto del Impuesto Directo de Hidrocarburos (IDH) y de las regalías petroleras del 11 por ciento. Asimismo, tiene las perspectivas de tener más ingresos porque estaría compartiendo dos megacampos con Santa Cruz y Tarija.
Donde se vislumbran mayores posibilidades todavía es en el hecho de que empresas extranjeras (la hispano-argentina Repsol, la brasileña Petrobras y la francesa Total), además de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), junto a la venezolana PVDSA, están empezando a invertir o lo van a hacer pronto en la exploración de nuevos pozos en Chuquisaca.
Empero, lo ideal sería que, al margen de cifrar justificadas esperanzas en los hidrocarburos —con millonarias inversiones—, se preste igual o mayor atención al desarrollo de su privilegiado espacio geográfico, por la característica de sostenibilidad que tiene, con lo que aseguraría mejores condiciones de vida para su población, una de las más rezagadas del país.