El presidente Evo Morales ha dicho que el capitalismo es el peor enemigo de la humanidad; una plaga que es preciso exterminar. Esto ha venido a confirmar que aquí se está dando un enfrentamiento que va más allá de las autonomías, de las comunidades originarias, de si Bolivia va a cambiar de nombre o si vamos a tener libertad de prensa, aunque quizá lo comprenda.
El exceso de declaraciones, además de los insultos, no permite ver con claridad el tema del debate central. Las alusiones a ese debate, al partido de fondo, no son siempre tan obvias como la que acaba de hacer el presidente Morales en su condena al capitalismo.
Hace pocas semanas, los cruceños hicieron la anterior alusión a este debate. Pero fue una alusión más sutil. Anunciaron, como si nada hicieran, que en Santa Cruz el salario mínimo es ahora de Bs 1.000. El doble del salario mínimo recién incrementado por el Gobierno.
El mensaje cruceño vino a decir claramente que el sistema capitalista que se aplica allá con más intensidad que en el resto del país permite aplicar un salario mínimo que es el doble del que rige en las regiones donde se propone aplicar exclusivamente la economía comunitaria. La reacción a este anuncio en El Alto fue una denuncia ingenua: los cruceños quieren llevarse la mano de obra del occidente.
Pero lo real es que muchos bolivianos se están yendo a Santa Cruz no sólo porque quieren ganar más, sino porque han decidido sumarse al otro bando, al que propone el capitalismo en el país. Y no quisieran estar en el territorio equivocado cuando este enfrentamiento llegue a mayores.
Por lo tanto, se podría decir que la tan anunciada guerra civil boliviana ya ha comenzado. Es una guerra moderna, de ideas, de propuestas; casi civilizada.
Está el modelo cruceño que se planta frente al modelo que propicia el gobierno del presidente Morales, que es la paulatina desaparición de la propiedad privada.
El presidente Morales condena el capitalismo aunque él es un buen ejemplo de que el sistema funciona. Pero, además, es un buen ejemplo de que el sistema de ayllus, en la tierra es de propiedad comunitaria, no le ayudó mucho en la vida.
Si se hubiera quedado en Orinoca seguiría corriendo detrás de los autobuses de turistas, como cuando era niño, para que le lancen algún pedazo de pan, pero ya estaría cansado. Lo que hizo en su vida fue abandonar Orinoca y los ayllus y asentarse en un territorio donde la propiedad de la tierra es privada. En el Chapare se convirtió en un productor independiente, con propiedad legal sobre la tierra, y también se hizo líder, con la bandera de que los cocaleros tienen derecho a cultivar coca en sus tierras privadas. No hay tierras ni cultivos comunitarios en Chapare.
Al jurar para Presidente admitió que tiene 40.000 dólares en su patrimonio. Ningún otro oriundo de Orinoca, que se hubiera quedado allí, ha llegado jamás a tener semejante patrimonio.
Este debate de fondo no se va a resolver muy pronto. Ni en la Asamblea Constituyente. Poco a poco se irán definiendo las cosas. Y me temo que el capitalismo va a tener otro triunfo. No habrá festejos. Es una cuestión de estilos. El capitalismo no ha festejado su triunfo en la China. Entonces, en Bolivia habrá que hacer lo necesario para evitar que reine el capitalismo salvaje.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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