“¿Lo conoce al sombrerito?”, me preguntó un orureño. —No lo conozco, respondí. “Cómo no lo va a conocer”. ¿Y quién es?, dije. “El Prefecto de Oruro, pues”, me contestó en medio de risas. ¿Y por qué lo llaman así?: “Porque no tiene cabeza y para decir que la tiene se pone su sombrero”. Son malos ustedes, les expresé. “No es de malos, sino que evaluamos sus actos. Si usted ve este departamento, a pesar de la bonanza minera, está cada vez peor y, en vez de aprovechar esta oportunidad, que se da cada 20 años, atrayendo inversiones nos sale con ideas huecas como la de organizar el departamento en suyus, muytas y una serie de planes que están bien para la antropología, pero no para un gobernante”.
Esta anécdota me lleva a afirmar que no hay un solo “sombrerito” departamental, sino tres tongos, que representan al partido de gobierno en tres regiones. Estos tongos, a pesar de haber sido electos democráticamente para avanzar en la descentralización, desprecian la autonomía, han optado por corear y hacer lo que manda La Paz. Ministros, diputados, senadores, asambleístas y dirigentes del MAS variado rango usan a estos “sombreritos”, exigiéndoles pegas y otros favores, sin tenerles la mínima prudencia y respeto. Es tanto el manoseo de estas autoridades que el poder central, al que ellos veneran, no se ha preocupado de empoderarlos. Si los respetaran y se hicieran respetar, de seguro estos tres departamentos serían la envidia del resto.
Las ejecuciones presupuestarias del tri-tongo están entre las más bajas. El tongo potosino, para que los movimientos sociales originarios no lo echen, ha cuoteado las direcciones de la Prefectura a cada una de las centrales agrarias. El tongo chuquisaqueño ha inundado las direcciones de gente que no sabe qué hacer, pero que cada fin de mes recibe su salario y tiene el duro oficio de albergar a todas las comisiones que tengan como tarea amedrentar a los constituyentes rebeldes o a los miembros del Poder Judicial.
Estos tongos políticos, son la afirmación del vacío institucional que busca generar el actual régimen para que el poder central omnímodo cope todos los espacios, los vacíe de contenido y los use a su arbitrio. La sumisión total.
La práctica del tongueaje político desde la autoridad central no sólo se da en aquellas prefecturas, sino que ha hecho lo mismo con sus constituyentes (la propuesta de CPE la están redactando en La Paz con asesores extranjeros), con sus congresales (recordemos que en noviembre del año pasado aprobaron los contratos petroleros sólo levantando las manos sin siquiera leerlos), con las superintendencias (todas ellas interinas) y ahora quieren tonguear al Tribunal Constitucional para terminar con los medios de comunicación y así prolongarse sin perturbaciones.
Los ideales han cedido a la angurria del poder y ambicionan imponer la democracia del tongo: quimérica, torpe, burda, falsa. Los “originarios” han cambiado el pongueaje político por el tongueaje político. ¿Diferencia?
Ninguna. Los paladines de la diversidad, ahora en el poder, nos quieren homogeneizar a punta de copiar la correa y suela caribeña que también los tonguea.
*Iván Arias D. es experto en descentralización y pueblos indígenas.
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