La sinceridad de los inversores Si se quiere resolver el problema de la falta de empleo, si es notorio que el país se está quedando atrás en la atracción de inversiones, incluso frente a los países vecinos, habrá que observar con visión estratégica esta meta de búsqueda de socios.
Carlos Antonio Calvalcanti, director general de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP), la organización que reúne a las empresas más solventes e influyentes de Brasil, fue sincero. Dijo que a los inversores brasileños no se les ha pasado por la cabeza hacer nuevas inversiones en Bolivia. Estas palabras son señales.
Señales que se añaden a aquella reciente información donde Bolivia aparece como el país menos atractivo para las inversiones en la región. O el anuncio de la petrolera anglo-holandesa Shell de irse del país, tras vender todas sus acciones a la británica Ashmore Energy International.
Esta sequía de inversiones afecta a todos los sectores, aunque la situación más mencionada en estos días sea la que se da en la industria petrolera, sobre todo en la etapa de exploración.
La falta de inversiones suficientes también se presenta en el sector minero, justamente cuando se da el caso de un repunte de precios sin precedentes en el mercado internacional. En comparación con los países vecinos como Argentina, Chile y Perú, la inversión extranjera directa se ha visto reducida significativamente, según reportes de expertos y de las estadísticas.
En ese contexto, parece visceral la respuesta del ministro de Planificación del Desarrollo, Gabriel Loza, al afirmar que nadie obliga a nadie a invertir en Bolivia. Por supuesto que es así, y es lógico que se hayan dictado nuevas reglas de inversión para dejar de ser lo que dice el ministro, “un paraíso fiscal”. Sin embargo, Bolivia no tiene por qué sostener un discurso agresivo con el inversor, cuando el propio Presidente de la República ha recalcado, una y otra vez, que Bolivia busca y quiere socios. Entonces, que los busque pero que no los ahuyente con respuestas como las de Loza.
Parece, por lo tanto, que es el momento para encarar esta situación, pero con criterio amplio y serio.
Si se quiere resolver el problema de la falta de empleo, si es notorio que el país se está quedando atrás en la atracción de inversiones, incluso frente a los países vecinos, habrá que observar con visión estratégica esta meta de búsqueda de socios.
Lo que se ha hecho últimamente en esta materia es anunciar que se prepara una nueva ley de inversiones y que serán revisados los tratados bilaterales que el país tiene suscritos con una veintena de naciones. Aunque el anuncio de que se avecina esta nueva normativa ha sido sugiriendo que se buscará endurecer las condiciones para las empresas extranjeras, habrá que esperar que los responsables del proyecto verifiquen bien lo que está ocurriendo en el mundo, en el campo de las inversiones.
Lo que se observa en el ámbito internacional, primero, es que los países compiten no por ahuyentar inversiones, sino por atraerlas. Es conocido que Perú aplicó un novedoso método para atraer inversiones mineras: los inversionistas proponen el nivel de impuestos que están dispuestos a pagar y el Estado peruano opta por la mejor oferta. De esa manera, las inversiones mineras que llegaron a Perú se quintuplicaron.
Lo segundo, es que el campo de las inversiones se está diversificando en rubros como los servicios. Y tercero, lo que más aprecian los inversionistas es la estabilidad de las leyes referidas a la actividad económica, en particular a los impuestos fijados por plazos largos.