La textilera Ametex está ganando una intensa carrera de obstáculos En 1985 se cayó el mercado interno, el 11 de septiembre se derrumbó el mercado de EEUU. Con escaso apoyo estatal, la empresa se recupera. Contrata a 3.500 personas, además de 1.000 empleados de servicios terciarizados.
TECNOLOGÍA EN UTEX • Marcos Iberkleid muestra una de las máquinas donde se hace la tela, en Villa Fátima.
Unas rosas crecen en la entrada de la fábrica de frazadas Polar, en El Alto. Son el lazo entre don Alejandro y su hijo Marcos Iberkleid, principal accionista de América Textil (Ametex), el mayor empleador del país y el más importante exportador de textiles a EEUU.
Fácil decirlo, pero hacerlo no es tan sencillo. Iberkleid tuvo que abrir mercados, gestionar las preferencias arancelarias, mendigar por un gasoducto, conseguir dinero para la provisión de agua a La Paz, enseñarle sobre exportaciones al LAB, sufrir la caída de su principal mercado el 11 de septiembre del 2001 (torres gemelas) y, como consecuencia de ello, su deuda se disparó.
Pero, la historia de obstáculos no acaba ahí. Ahora, Ametex hace lobby para extender las preferencias arancelarias en EEUU y suplica al Gobierno para que le pague los certificados de devolución impositiva (Cedeim).
Iberkleid se remonta a hace 40 años, cuando su padre instaló una fábrica de frazadas y empezó a venderle a las FFAA y a la Policía Nacional. “Había que trabajar seis meses para proveer y seis meses para cobrar”, dice entre sonrisas.
A finales de los 70, padre e hijo unieron sus empresas y, pese a que el algodón tenía muy mala fama en Bolivia, se lanzaron a producir tejido de punto. Y, algo más, tomaron la decisión de no hacer negocios con el Estado. “Fue cuando empezamos a ganar dinero”, dice.
Todo iba bien hasta que en 1985 se decretó la libre importación. Ametex tuvo que buscar mercados fuera o hubiera corrido la misma suerte que las confeccionistas: la quiebra y el cierre.
En los 80, Marcos Iberkleid se vio obligado a cerrar la fábrica de frazadas porque la tecnología había quedado obsoleta. Dice que su padre no le perdonó esa decisión hasta que le mostró Polar, la nueva fábrica de frazadas en El Alto. Allá, don Alejandro plantó sus rosas antes de morir.
Un buen día, Iberkleid se llevó la desagradable noticia de que no había agua en la fábrica de Villa Fátima. “Pensábamos que iba a llover”, le dijeron las autoridades. Por tres meses tuvo que acarrear agua en globos sobre camiones y, entretanto, gestionó el descongelamiento de un crédito del BID para proveer agua a la ciudad y a su fábrica.
Y, hacer llegar el gas natural a la fábrica fue otra odisea. Peregrinando de oficina en oficina, finalmente lo consiguió.
Cinco fábricas integran el grupo Ametex. Hilasa, donde el algodón se convierte en hilo; Universal Tex (Utex), donde el hilo se transforma en tela; Moda Express (Mex) y Manufacturas Textiles (Matex), donde se hacen las prendas de vestir.
Y, la otra empresa es Polar, que hace frazadas de los residuos de las fábricas de punto.
Hasta hace seis años, Ametex no producía hilo; lo importaba de Perú, lo que acarreaba una serie de problemas, entre ellos, el asalto a uno de los camiones de carga, cuyo chofer falleció.
En 1999, la empresa decidió triplicar su tamaño, pero para hacerlo debía producir su propio hilo. Así nació Hilandería Laja (Hilasa), con una de las tecnologías más modernas del mundo.
El 2001, comenzaron a llegar los pedidos y la empresa fue creciendo a un ritmo inesperado. De 70 toneladas en junio pasó a 156 toneladas en septiembre.
Y, entonces todo se derrumbó junto a las torres gemelas. En noviembre la producción cayó a 70 toneladas. La opción era mirar al sur, pero también cayó Argentina y en enero del 2002 ocurrió lo mismo con Brasil.
Ese mismo año empezó la debacle en Bolivia. El número de tiendas Batt, donde se venden las prendas, bajó de 19 a seis.
Con una planilla de empleados parados, pero pagados, las pérdidas llegaron a $us 1 millón por mes y la deuda trepó de 20 a 58 millones de dólares, que en un momento se dejó de pagar.
Era necesaria una reestructuración a través de la búsqueda de socios extranjeros, los que se resistieron a llegar porque “nos dijeron ‘no nos gustó que hayan quemado su vicepresidencia’”, recuerda Iberkleid refiriéndose a los hechos de febrero del 2003.
Octubre de ese año fue peor. La empresa permaneció cerrada durante 16 días y con los obreros ganando su sueldo.
Luego vino la reprogramación de la deuda, que ahora está por los $us 50 millones y la reestructuración de la empresa hasta llegar, otra vez, a las 200 toneladas de producción. Para lograrlo, Ametex bajó los precios de sus productos, introdujo líneas para mujeres y niños y amplió sus mercados a Sudamérica para reducir la dependencia de EEUU.
Ametex, con $us 100 millones de inversión en activos, tiene 3.500 empleados y otros 1.000 dependen de las empresas que prestan servicios a la textilera. Es, de lejos, la mayor empleadora del país, seguida del LAB (1.300) y de la CBN. El crecimiento y los empleos serían mayores si los Cedeim serían devueltos.
Frases
Medio ambiente • “Cómo voy a mandar veneno a mi casa si yo vivo abajo del río”, dice Marcos Iberkleid sobre la conciencia ambiental.
Competitividad • “No se trata de consumir menos energía, sino de consumirla eficientemente”.
Tiempo • “El tiempo es el único recurso no renovable”.
Dejadez • “Cuando me cortaron el agua me dijeron: ‘cómo se le ocurre hacer una fábrica ahí si no hay agua’. Les contesté que ‘la fábrica estaba antes del corte’”.
Competencia • ´Si hubiera 10 de estas fábricas, estuvieran los clientes sentados aquí, habría aviones para exportar”.