En el siglo XVII, los pintores criollos revolucionaron la forma de retratar a los seres celestiales. Los arcángeles arcabuceros inspiran hoy a artistas y diseñadores de moda.
Texto: Javier Badani • Fotos: Pedro Laguna/Nicolás Quinteros/Patricio Crooker
Por más de 400 años, una treintena de ángeles se hallan cautivos en una fortaleza de piedra en Calamarca. Su magnificencia es tal que los habitantes de esta población paceña prefieren mantener a estos seres alados bajo puertas cerradas, candados y cadenas antes que dejarlos libres ante el curioso ojo del forastero.
Tanto recelo no es casual. Dentro de los muros de piedra del templo de Calamarca se hallan las series pictóricas de ángeles más completas, elaboradas durante la Colonia por artistas criollos.
A finales del siglo XVII, este singular estilo artístico —nacido en las zonas que circundan el lago Titicaca— revolucionó la forma de representar a los seres celestiales a través del uso de una original iconografía que fusionó en el lienzo la cosmovisión andina con las visiones occidentales.
Sin embargo, a pesar de su importancia y después de las luchas independentistas, las pinturas de arcángeles arcabuceros y ángeles virtudes —algunos los denominan jerarquías— que adornan varios templos a lo largo de la región andina, quedaron en el olvido. Tanto las nacientes naciones sudamericanas como los países europeos menospreciaron el arte virreinal en un intento por borrar su pasado, tal y como lo explica Teresa Gisbert.
“Recién a finales del siglo pasado se comenzó a redescubrir su impresionante valor artístico e histórico”, complementa la reconocida investigadora de arte paceña.
Ahora, los ángeles elaborados hace cuatro siglos por los pintores criollos se han consolidado en el imaginario creador de un sinfín de artistas plásticos, diseñadores de moda y artesanos del país, entre otros. Ese interés, además, es recíproco en Europa, luego de que los arcángeles arcabuceros de Calamarca recorrieran varios países del Viejo Mundo en una exposición itinerante que despertó a comienzos del nuevo siglo el interés de los especialistas de arte.
En Calamarca, en cambio, la belleza de estos seres alados se comenta en voz baja, como cuidando que el viento no desparrame la noticia de su existencia.
“En la escuela nunca nos han hablado de los ángeles del templo. Yo no sabía qué eran hasta que mi abuelo nomás me ha contado. Bonitos son, pero me parecen bien tristes”, sueltan los labios de la calamarqueña Santusa Blanco (23).
Ángeles para los indios
Las series de ángeles andinos aparecieron en la Colonia a mediados del siglo XVII, cubriendo un área que va desde el norte del Perú hasta el norte argentino. Entonces, su centro de difusión se hallaba entre La Paz, Potosí y Cusco, según una investigación publicada por José de Mesa y Teresa Gisbert.
A diferencia de las pinturas de ángeles elaboradas por los artistas europeos de la época —por lo general retratados de forma secundaria, entre nubes y sin muchos aditamentos—, los seres alados creados en esta región se muestran con la pomposa vestimenta femenina (ángeles virtudes) e indumentaria militar (arcángeles arcabuceros) de aquellos años.
De estas dos series, los que más aceptación y difusión tuvieron entre los indígenas fueron los ángeles militares, que fueron representados ataviados con los trajes de los ejércitos tercios españoles y armados con arcabuces y lanzas. Su labor evangelizadora fue vital en las áreas altiplánicas.
“Los indios personificaron los fenómenos celestes con los ángeles cristianos. Para ellos había una relación entre el ángel que disparaba el arcabuz con los rayos, truenos y tempestades que salían del cielo”, explica Gisbert. Así, los religiosos católicos lograron en gran medida sustituir la idolatría indígena de los astros. A esta búsqueda se sumó, además, el uso de nombres apócrifos —otra característica única de estos lienzos virreinales— como Baradiel, ángel príncipe del granizo, o Matariel, ángel príncipe de la lluvia.
Otra explicación sobre la rápida aceptación de los indígenas altoperuanos a los ángeles cristianos se halla en una investigación del historiador peruano Ramón Mujica. Éste señala que antes de la llegada de los conquistadores la cosmovisión andina ya manejaba mitos sobre hombres alados. Así, las crónicas del siglo XVI describen la creencia de los originarios sobre la existencia de dioses y guerreros que vestían con vistosas plumas de aves, lo que se refleja en la Puerta del Sol (Tiwanaku).
Todas las teorías mencionadas anteriormente explican la razón por la cual la gran mayoría de las series de pinturas de arcángeles arcabuceros se hallan sólo en lo que eran conocidos como pueblos o parroquias de indios y no así en las grandes capillas coloniales de las grandes ciudades andinas.
En la actualidad, Calamarca se precia de atesorar la colección más completa de ángeles. Las obras fueron pintadas por el Maestro de Calamarca, llamado así ante la ausencia de una firma con la cual poder atribuir su identidad.
18 ángeles toman la pasarela
Con anteojos, armados de pistolas automáticas o descalzos... Así son recreados los arcángeles arcabuceros en los lienzos de Gustavo Lara. A pesar de no ser el único artista en buscar inspiración en las series angélicas andinas, este artista orureño se precia de ser el que más obras ha desarrollado inspirado en estas pinturas virreinales.
“Siempre me impresionó el arte desarrollado durante la Colonia. Y de los arcángeles, su composición casi planimétrica, el tratamiento ornamental —como los encajes— y sus rostros que se muestran entre lo femenino y lo masculino. Fue un hito en el arte virreinal”, señala el artista plástico, quien con una visión contemporánea ha creado series como Waca ángeles, donde los seres alados están acompañados de toros y caballos.
“Sin sujetarme a cánones místicos o religiosos me he dedicado a modernizar el arcángel según mi visión, con un poco de ironía pero siempre respetando el arte que se desarrolló en la época virreinal”.
Los ángeles criollos, además, sirvieron de inspiración a Lara para homenajear la memoria del político Marcelo Quiroga Santa Cruz y del sacerdote Luis Espinal, ambos asesinados durante los gobiernos dictatoriales. Así, el lienzo que recuerda al líder del Partido Socialista 1 (PS-1), por ejemplo, muestra a un arcángel cuyo cuerpo es atravesado por un sinnúmero de balas. La obra se halla en el exterior.
“A través de la plástica tomo una imagen arquetípica del arcángel y la llevo a una visión mucho más contemporánea”, asegura Lara.
Pero no sólo el arte actual ha posado su veta creativa en los ángeles virreinales. La moda también está presente a través de los novedosos diseños de Gloria Thaine.
El año 2005, la modista paceña presentó en la ciudad de Milán (Italia) una colección de 18 trajes confeccionados en torno al estilo de las pinturas de Calamarca.
Encajes, bordados y brocados; gasas, bocelinas y fajas torceladas vistieron a las delgadas modelos que deslumbraron en las pasarelas italianas custodiadas por un retrato de un ángel arcabucero.
“Somos un país andino que debe mostrar al mundo lo que tiene de herencia. El arte de los arcángeles me pareció ideal para ello, así que decidí volverlo fashion”, expresa la diseñadora de modas, quien pronto espera retomar ese estilo.
Gloria Thaine asegura que después del desfile realizado en Italia, la mayor parte de su colección —donde las lanzas y los arcabuces fueron reemplazados por espigas— se vendió en Europa.
“Soldados son”
En el siglo VI, la teología cristiana acogió como texto oficial sobre los caracteres y funciones de los ángeles a la obra Jerarquía celestial, de Dionisio Aeropagita. Allí se destaca que los ángeles virtudes son un símbolo de los poderes que vencieron al demonio. Por su parte, la obra señala a los arcángeles como los encargados de las relaciones entre Dios y los hombres.
Las palabras de Aeropagita se escurren en la clase de Estadística II que se desarrolla en una de las aulas de la Universidad de Aquino en la población de Calamarca.
Los jóvenes estudiantes, que habitan en las comunidades cercanas, acaban de conocer que ambas categorías celestiales fueron retratadas por un pintor anónimo dentro de su templo renacentista.
De ellos sobresale Teresa Fernández Toledo. A sus 21 años, esta calamarqueña se ha propuesto ser el motor del turismo del lugar.
“Los gringos bien se impresionan cuando entran a la Iglesia. Un circuito turístico con los chullpares de la zona y los ángeles estoy planeando impulsar cuando salga administradora de empresas”, asegura la joven, quien explica que en la actualidad los ingresos de los comunarios se centran en la agricultura y la confección de ropa.
Mientras Fernández afina su proyecto entre calculadoras y textos de marketing, a unos metros de allí, la treintena de ángeles que permanecen cautivos en la fortaleza de piedra del templo de Calamarca despierta la memoria oral de sus compañeros sobre estos seres.
“Dicen que habían sabido curar las enfermedades”. “Son sus soldados del Tata Santiago”. “Sí, dicen que cuando él se enoja, los ángeles salen a lanzar truenos y granizos”.