Se ha generado un amplio debate político en torno a la propuesta de introducir en la nueva Constitución Política del Estado la noción de Estado plurinacional. De esta forma, la propuesta contenida en el informe de la comisión visión de país de la Asamblea Constituyente, aprobada por mayoría, define a Bolivia como “un Estado Unitario Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, social, descentralizado y con autonomías territoriales”.
En primer lugar, hay que destacar que los conceptos de Estado y nación no son los mismos. Así, la nación se refiere al ámbito cultural, étnico y antropológico de un grupo humano que se ha unido por vínculos naturales desde muy remotos tiempos. Ello se expresa en tradiciones, costumbres, lengua y distintas manifestaciones culturales. Por el otro lado, el Estado se refiere a la estructura jurídica y política que se establece sobre la base natural de la nación.
Ahora bien, pese a que se ha intentado construir un paradigma político, especialmente en Francia, en torno a la idea de un Estado-Nación fundado en una identidad cultural, lengua, tradiciones y destino común, se puede decir que la gran mayoría de los Estados modernos se organizan jurídica y políticamente, sobre más de una nación. Es decir, que se trata de estructuras políticas que organizan diversos grupos étnicos, culturales, religiosos bajo una unidad. Al mismo tiempo, existen naciones que pertenecen a varios Estados políticamente organizados.
En este sentido se puede afirmar que la mayoría de los Estados tienen un carácter plurinacional. Johan Galtung afirmaba que existen aproximadamente 2.000 naciones, y solamente 200 Estados. Y de los actualmente existentes, solamente unos 20 podrían tener el carácter de Estados-Nación.
El problema ancestral es que muchas de las fronteras políticas internas y externas de los Estados no responden a unidades naturales establecidas por la nación. De esta forma, muchos grupos culturales, y unidades políticas, económicas y sociales, se han visto divididas por fronteras artificiales, establecidas al calor de guerras e intereses hegemónicos.
El Estado plurinacional puede funcionar si: intenta armonizar la estructura política y jurídica con las identidades étnicas y culturales, sin que ello represente romper la unidad del Estado, sino abrir renovadas estructuras de participación local, excluyendo toda política de homogeneización y centralismo.
Finalmente, todo ello refleja la profunda crisis del Estado-Nación concebido en los albores de la modernidad. Conceptos como territorio, población y soberanía, se transforman, cuestionados por estructuras cada vez más globalizadas e interdependientes.
*René Cardozo es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
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