¿De qué se trata? A propósito del reportaje de Sandra Mallo en La Razón recordé una reunión con el candidato Evo, en las oficinas del Comité de Enlace de Pequeños Productores, creo en junio 2005, cuando le expusimos las estrategias del CIOEC, Fencomin, Conamype y de los artesanos de la CSTAB.
Fue en esa reunión en la que dije “en la primera hora que Evo esté sentado en la silla presidencial, ya tendrá veinte nuevos pobres en sus espaldas”, a tiempo de explicar una cantidad de propuestas que en el Comité habíamos estudiado y elaborado desde el 2000 para enfrentar —precisamente— la tragedia que el país vive cada hora y que ataca sobre todo a las mujeres, aymara o quechua o paceña o riberalteña, mujeres de todas las historias, mujeres bolivianas pobres que dan a luz, cada año, 187 mil nuevos bolivianos y bolivianas que nacen pobres.
Le dijimos a Evo que la pobreza generaba 20 pobres por hora e hicimos el siguiente cálculo: 20 por hora, 480 cada día, 14 mil 400 cada mes, 172 mil por año y si hoy sumamos los 146 días del mandato de Evo en el 2007, llegamos a la aterradora cifra de 243 mil nuevos pobres desde el 22 de enero del 2006.
Cuando iniciamos el proceso, el culpable era el modelo neoliberal. Hoy ¿a quién le echamos la culpa?
En aquella reunión, el Comité le informó al actual Presidente que desde el 2000 las organizaciones participaron en todos los diálogos presentando sus propuestas. Le informamos también que cuando los gobiernos no nos hicieron caso, la pobreza los tumbó (y nosotros desde las calles).
Le informamos que los pequeños productores necesitaban mercados y que el primero que intentábamos abrir era el estatal y que para eso habíamos estudiado y planteado la Tarjeta Empresarial, el Compro Boliviano, el Desayuno Escolar, el reconocimiento de las formas propias de organización para entrar al mercado (oecas, cooperativas, etc.), todo, además, para lograr que la platita que llega a los gobiernos municipales no salga del territorio municipal y genere más.
Le informamos también que teníamos políticas para lograr exportar al Mercosur, a Europa y le dijimos que los medianos y pequenos empresarios (mypes) y artesanos exportaban, por lo menos mil 600 millones de dólares anuales a mercados fronterizos. Le informamos que queríamos mercados pero que el Estado no los abría, pues la Cancillería no representaba a los pequeños y sus negocios que —además— habían resistido por cuenta propia, ya que nuestras fronteras estaban abiertas desde 1985 cuando se firmó el 21060. Le dijimos que, si abríamos mercados, para mantenernos teníamos que llevar productos excelentes y que para eso necesitábamos políticas de Estado basadas en estrategias que también se las expusimos.
¿Qué pasó luego? Nada cambió. Los pequeños productores no tienen políticas ni mercado.
Entonces, ¿para quién defiende el Gobierno el mercado estatal en el caso del acuerdo con la Unión Europea? La situación es clara: el Compro Boliviano no se ejecuta, el Desayuno Escolar tampoco, la Tarjeta Empresarial es desconocida para los funcionarios del TCP. Mientras tanto, los veinte pobres por hora siguen apareciendo, cada día, en los mendigos de todas las esquinas, de todas las calles, de todas las ciudades de Bolivia. ¿Cuándo? ¡Ahora! ¿No los ven?
*José E. Pinelo es sociólogo. Está ligado a organizaciones sociales desde 1970.
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