Hace un par de años, un analista en desacuerdo con la convocatoria a Asamblea Constituyente profetizó que de ese proceso no iba a salir nada. Mucho ruido, movimiento y energías para que todo siguiera igual. Es decir, una maldición gitana, un maleficio absurdo.
A esa visión negativa le hacen juego las actitudes radicales e intransigentes de quienes lo esperan todo de la Asamblea; que resuelva 500 años de exclusión, devuelva el Collasuyo vivito y coleando y haga verdad la utopía del mundo al revés; el tiempo no pasó, ni nos mezclamos, ni el mundo sigue girando.
Una muestra de ese curioso ensamble es lo que ocurrió la semana del 5 de junio, en Sucre, cuando, aunque oficialismo y oposición coincidieron en la necesidad de ampliar el plazo de entrega de los informes finales de las 21 comisiones de la Asamblea Constituyente, basados en el reconocimiento de que recién se estaba ingresando al debate de los temas conflictivos y ese tiempo adicional era fundamental para que la falta de acuerdos no se traslade automática- mente a las reuniones de plenario, el MAS dividió su votación en la Comisión de Visión País logrando que se aprueben dos informes parecidos por mayoría y minoría que dejaban fuera la propuesta de Podemos y el derecho al voto del asambleísta Jorge Lazarte. Pese a que la directiva de la Asamblea propuso un proyecto de interpretación del sistema de votación en comisiones, el presidente de la Comisión Visión de País desconoció la instrucción y se negó a dar curso a una nueva votación que subsanara los vicios de la primera.
La semana siguiente, el ambiente en la Asamblea era de una virtual parálisis del trabajo, pese a que algunas comisiones intentaron continuar con su agenda, en particular las de Recursos Naturales y Desarrollo Rural, que hicieron esfuerzos para resguardar los acuerdos y el clima de diálogo que habían logrado construir hasta entonces. Desgastados, asambleístas de Podemos hicieron lo que no tenían que hacer: matonaje físico para responder al matonaje político.
El clima fue propicio para que varios sectores se abalancen sobre la Asamblea, estableciendo sus posiciones con un lenguaje rotundo que ya implica pelea: universidades por autonomía, municipios por competencias, comités cívicos por autonomía departamental, militares, policías, control social… etc.
Al mismo tiempo, autoridades del Poder Ejecutivo han pedido el retiro de temas, con lo cual la agenda queda nuevamente ajustada a los temas que están rondando el desacuerdo y la confrontación desde el principio de la Asamblea, como la declaración de un Estado plurinacional, las autonomías indígenas, la propiedad de los recursos naturales y las condiciones de la propiedad de la tierra.
Como el MAS tiene puesto en este proceso un proyecto político que nadie desconoce (que incluye reelección, cambio en las reglas de juego político, inclusión social y fortalecimiento del Estado), ahora tiene en sus manos una gran responsabilidad adicional, que es la de conducir más y mejor políticamente, en todo el buen sentido de la palabra, a sus asambleístas, a sus aliados, a la directiva y al propio proceso. El juego de acierto/error con el que está actuando hasta ahora sólo contribuye a la fragmentación y la ineficacia política e incrementa inútilmente la confrontación. Por otra parte, la oposición debe entender que hay otros actores políticos con voz y líderes propios en escena y el país tiene una vocación irrenunciable de justicia.
*Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
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