La gran pregunta respecto del gobierno de Evo Morales en relación con la conflictividad del país es si por tratarse de un gobierno de los movimientos sociales, los conflictos han tendido a atenuarse o desaparecer. Alguna información publicada sobre el tema mostraba que la cantidad de conflictos en general habría disminuido, aunque de ninguna manera habrían desaparecido. Lo cierto es que, durante las gestiones anteriores quienes propiciaban paros, bloqueos y marchas eran los propios movimientos que actualmente son protagonistas de la gestión gubernamental, ya sea porque participan directamente, porque se sienten identificados con el partido gobernante, o porque han depositado sus expectativas en el mismo, por tales razones el escenario conflictivo aparentemente habría quedado vacío.
Si bien la naturaleza de los movimientos sociales no se ha modificado con la asunción de Morales, se han producido una serie de desplazamientos en la relación Estado-sociedad. Dicha relación asume al menos en cuatro formas que oscilan entre el conflicto, el consenso, la subordinación y finalmente la confrontación.
El conflicto se produce como efecto de la propia dinámica social atenuada o agudizada por la coyuntura, los consensos derivan de puntos de encuentro que provienen de conflictos sociales que son atendidos favorablemente por el Gobierno; la subordinación se puede verificar en la ocupación física de espacios de poder por parte de dirigentes de organizaciones sociales, en las movilizaciones de apoyo al Gobierno, en la rutina de evaluaciones periódicas de la gestión gubernamental con participación directa de los movimientos sociales, o bien, en las “vigilias” en defensa de las políticas adoptadas por el Gobierno; y finalmente, las confrontaciones, en esta particular coyuntura, son de carácter político y devienen fundamentalmente de sectores cívico/regionales que representan o articulan a la oposición política.
Un fenómeno interesante también es el desplazamiento de los conflictos que tradicionalmente ocurrían entre el Gobierno central y la sociedad, hacia espacios locales o regionales donde aparecen las prefecturas o los municipios como interlocutores, o bien, el desplazamiento de los conflictos hacia la sociedad, donde se producen enfrentamientos entre sectores sociales, como sucedió en Huanuni, el Chaco o en Cochabamba. Por otro lado, el excedente económico generado por los ingresos por concepto de hidrocarburos tiende a agudizar la disputa por la distribución de los mismos, reforzando el comportamiento rentista de la sociedad y la emergencia de nuevos conflictos sociales.
Cabe en consecuencia, distinguir los conflictos de carácter meramente corporativo que se reproducen de manera recurrente e histórica, de aquellos que cuestionan las políticas estructurales y al propio Gobierno. Los conflictos son consustanciales a la dinámica de las sociedades, sin embargo, la cantidad y calidad varía de acuerdo a la coyuntura y características de los gobiernos; actualmente estamos ante una nueva relación entre el Estado y la sociedad, mediada sobre todo por elementos simbólicos que, por ahora, le otorgan un carácter cualitativamente distinto a la conflictividad.
*María Teresa Zegada es socióloga.
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